YO ESTOY CON VOSOTROS HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS 21-05-2023

La Ascensión hace de puente entre la Resurrección de Jesús y Pentecostés, formando una unidad indivisible. Lucas acaba el primer volumen de su obra (el evangelio) donde habla de todo lo que Jesús hizo y enseñó hasta el día en que fue llevado al cielo y empieza el segundo volumen (Hechos de los Apóstoles) con el mismo triple encargo de Jesús a los discípulos: Les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, meta del camino terrenal de Jesús; Aguardad que se cumpla la promesa del Padre; Vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo. A pesar de la decepcionante última pregunta de los discípulos (Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?), Jesús los confirma en la misión: Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, y hasta el confín de la tierra. Es el encargo que celebraremos el próximo domingo en Pentecostés.

Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas: la antífona del Salmo Responsorial expresa la verdad teológica de que Jesús, una vez cumplida su misión de Encarnación en la tierra, fue llevado al cielo retornando a la intimidad trinitaria. La exaltación de Cristo es descrita con elementos de escenografía apocalíptica y ambientación cosmológica (fue levantado, una nube se lo quitó de la vista…). Este final del evangelio según Mateo es como el kerigma de la misión que el Resucitado confía a sus discípulos. Los once se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Recordemos que al alborear el primer día de la semana el ángel del Señor encomendó a Maria la Magdalena y la otra María que dijeran a los discípulos: Jesús ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis (Mt 28,7).

Efectivamente Galilea fue el lugar preeminente de la enseñanza de Jesús durante su Ministerio y por eso ir a Galilea es símbolo de vivir fieles a los criterios del Evangelio. Porque lejos de Galilea, lejos de los criterios del Evangelio, no podemos encontrar al Resucitado.

Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, proclama Jesús. Pero con un poder que incluye la incorporación de todos los fieles a la misión evangelizadora; porque es voluntad del Padre Dios la colaboración de los hijos en la suprema tarea de la construcción de un verdadero Pueblo de Dios con activo protagonismo de los hijos que por el Bautismo hemos sido injertados a Cristo. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos: ¿con qué instrumentos? Básicamente dos: Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, porque sin la fuerza superior de Dios, a través de los sacramentos, no es posible la conversión. Enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado: con la fuerza de la Catequesis y sobre todo con el atractivo del testimonio.

Precisamente en la fiesta de la Ascensión del Señor y los domingos siguientes es tradicional la Celebración de la Primera Comunión de los niños que se han preparado con la Catequesis de Iniciación Cristiana. ¡Llenemos de contenido esta buena tradición! Incorporemos vivamente a los padres en la transmisión de la experiencia personal de la fe. Valorando, agradeciendo y acompañando el ministerio esencial de los catequistas de Iniciación Cristiana junto a los Sacerdotes, debemos tener muy presente que la sesión parroquial de Catequesis permanece gravemente coja sin el ambiente de vivencia cristiana en el seno de la familia. Siempre con la garantía prometida por Jesús: Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. Porque la Ascensión del Señor al cielo no indica su alejamiento, como si nos abandonara: realmente el Señor se ha quedado con nosotros en medio de todas nuestras circunstancias vitales. Disfrutemos de su presencia y seamos testigos alentadores nutridos con la fuerza de la Eucaristía.

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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