TRANSMITIR EL TESORO DE LA FE (III) 28-09-2014

Nos referíamos la semana pasada a un hecho que ya se da en amplios sectores de nuestra sociedad: para muchas personas de nuestras ciudades y de nuestros pueblos el cristianismo es un hecho totalmente ajeno a su vida, por lo que desconocen hasta los contenidos más fundamentales de la fe. Éstas son destinatarias de un primer anuncio del Evangelio. Todos estamos convencidos de que para ellas el anuncio de Jesucristo puede ser algo totalmente nuevo.

Este primer anuncio del Evangelio dirigido a esas personas que viven al margen de la fe y de la Iglesia, debe partir del hecho de que muchas de ellas, además de no conocer a Jesucristo, viven en un ambiente de desconfianza frente a la Iglesia y su palabra. Son personas alejadas de la fe cristiana que viven en una sociedad postcristiana y, frecuentemente,  anticristiana. Aunque el mensaje del Evangelio pueda ser una novedad para ellos, no podemos ignorar que para nuestra sociedad occidental el cristianismo no es algo nuevo. Es una cultura que quiere superar el cristianismo y prescindir de él en la configuración de la vida de las personas. Esta mentalidad imperante en nuestra sociedad ha logrado sembrar en el corazón de muchos esa actitud de desconfianza hacia la Iglesia, que provoca resistencias para acoger el mensaje del Evangelio.

La primera tarea que se nos impone y que, en cierto modo es una condición previa para la evangelización, es romper la barrera de la desconfianza. Si no logramos despertar en el corazón de los que, conviviendo con nosotros, están alejados de la Iglesia una actitud de confianza positiva, la evangelización se vuelve imposible. El hombre de hoy no acepta una palabra que proviene de personas o instituciones en las que no confía. La confianza en quien me dirige una palabra es la condición para que yo pueda acoger esa palabra como algo bueno para mí.

Nuestra sociedad confiará en la Iglesia si los cristianos nos convencemos de que estamos llamados a vivir nuestra misión como un servicio a nuestro mundo. En el modo de vivir la fe estamos llamados a testimoniar el deseo que tenemos los cristianos y la Iglesia de servir a los hombres y no de dominarlos. Por ello, el anuncio del Evangelio debe hacerse desde una gran cercanía a las personas a las que va dirigido el mensaje de Cristo; deberá ir acompañado de una actitud de solidaridad y comunión con aquellos a quienes queremos introducir en el conocimiento del Señor; tendrá que partir de un conocimiento de la situación cultural y vital en la que se encuentran los hombres de nuestro mundo y deberá hacerse desde una comprensión de su situación vital. Y estas actitudes no son fruto de una estrategia necesaria en un mundo que no acepta imposiciones de nadie, sino que deben nacer de una convicción profunda: si Cristo no vino al mundo a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por muchos, también la Iglesia debe vivir en el constante deseo de servir a los hombres y evitar la tentación de quererlos dominar.

Estoy convencido de que el Papa Francisco está logrando que muchos recuperen la confianza en la Iglesia precisamente porque vive estas actitudes con una autenticidad y una verdad que todos perciben. Que nosotros podamos seguir también ese camino.

Recibid mi bendición.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa