Primeros tres meses en Lobito

El día 27 de marzo empecé a hacer de misionero en Lobito, Angola. Nuestro obispo Sergi me hizo el envío unos días antes, a la Parroquia de Sant Francesc, en el pequeño pueblo de Jesús (Tortosa). Recibí el apoyo de mis familiares, amigos, miembros de la delegación de misiones de la diócesis de Tortosa, también por “misevi” (Misioneros Seglares Vicencianos) encargados de mi formación y por los fieles de la parroquia.

Misevi es la rama de misioneros laicos, de la extensa familia vicentina. Con el espíritu misericordioso de San Vicente de Paúl “hay que ayudar a los pobres de una manera afectiva, pero también efectiva”. Me encaminé hacia la Ciudad de Lobito en Angola, en el Sur del continente africano.

En Lobito tenemos misión desde hace siete años. Han pasado por aquí muchos misioneros, pero la referencia es Virgína Alfaro, que ha dedicado toda su vida a hacer esta labor y tiene mucha experiencia. Me vinieron a buscar en Luanda, la capital y unas cuántas horas después, en un viaje destartalado y divertido, en buzo, fuimos atravesando la sabana por el parque natural de Kissama, atravesando el río Kwanza, el más importante de Angola, entre embondeiros, los árboles sagrados de los angoleños y resiguiendo la estrecha carretera, a veces asfaltada, atravesamos varios poblados, que eran un bullicio de vida, motos coches, Zungueiras, las mujeres que venden productos con un cubo en la cabeza y por todo de tenderetes y criaturas.

Al llegar a Lobito me presentaron a mi comunidad, la iglesia de la “Santa Trindade”, al Padre Sr. Antonio Chingui y también a las hermanas oblatas.

Después vinieron las celebraciones de la Semana Santa, vividas profundamente por la comunidad católica, hasta llegar a la Pascua, donde los cantos, los bailes y las muestras de alegría se multiplicaron.

Una de las funciones principales es colaborar en las diferentes catequesis a formar los niños para la comunión y la confirmación, también participamos activamente en todos los actos litúrgicos y el consejo pastoral.

MI trabajo ahora es de interculturalización, mirando de aprender el idioma, las costumbres y la manera de ser de los angoleños. Voy cada día a las escolinhas “Omôla Wasandjuka” (infancia feliz) tenemos tres con más de 60 niños y niñas, por las tardes al explicaçao, un repaso que dura tres horas y media, para los niños que ya van a la escuela, pero tienen dificultades. En el tiempo libre, paso por nuestro centro “Onjango Yapongololi” (jóvenes líderes) donde tenemos wifi, ordenadores, libros, juegos, muchos cursos de informática, inglés, costura, piano…

También un campo de fútbol playa, donde se hacen varios deportes y competiciones, una sala polivalente donde hacemos conferencias, encuentros mensuales para formación de los padres, cine…

Nos integramos en los diferentes barrios, visitamos y damos la comunión a los enfermos, consolamos a las familias con difuntos, un momento importante en la cultura africana. También vamos a la prisión, hogar de los jubilados, personas con discapacidades, alfabetización de adultos…

Lo más importante de todo es poder convivir el día a día con las personas que nos han acogido con los brazos abiertos y su alegría innata, como hermanos, que somos los unos de los otros.

La cosecha es abundante, pero pocos los segadores.

Señor que vuestro Espíritu Santo llene los corazones de todos nosotros para ser Misioneros de Esperanza.

Ramon Gaya