ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 18-01-2015

Uno de los logros más visibles desde que comenzó el movimiento ecuménico en los primeros años del siglo XX, ha sido la celebración anual de un octavario de oración por la unidad de los cristianos. Tradicionalmente comienza el día 18 de enero y concluye el 25, fiesta de la conversión de San Pablo. Durante estos días, los cristianos de todas las iglesias y comunidades cristianas estamos invitados a orar unidos para que Dios nos conceda el don de la plena unidad, convencidos de que nuestro testimonio de fe en Cristo será más convincente si vivimos en la plena comunión de fe y amor.

El Papa Francisco, en la exhortación Evangelii gaudium dedica unos números (244-246) al diálogo ecuménico. En ellos nos recuerda algunos principios del ecumenismo y las actitudes que todos los cristianos estamos llamados a vivir en nuestras relaciones mutuas.

En primer lugar, el Papa nos recuerda que el deseo de la unidad y la oración para alcanzarla no es algo nuestro, sino que tiene su origen en el mismo Cristo. En la oración que el Señor dirigió al Padre antes de su pasión pide “que todos sean uno” (Jn 17, 21). La oración de Cristo es el modelo y el criterio de toda oración cristiana. Durante estos días los cristianos nos unimos a la oración de Cristo y la hacemos nuestra.

El Papa nos recuerda también que la unidad no es sólo un bien para las iglesias, sino para toda la familia humana. Si la misión de la Iglesia, como nos ha recordado el Concilio Vaticano II, consiste en trabajar para que toda la familia humana llegue a ser familia de Dios (GS 40; AG 1), el ecumenismo es “un aporte a la unidad de la familia humana” (EvGa 245). Si los cristianos estamos unidos en la fe y en el amor, o si las diferencias que perduran en la interpretación de la Palabra de Dios y que impiden una unidad plena, no provocan divisiones en la caridad, estamos contribuyendo a la unidad de toda la familia humana y a que nuestro mundo camine hacia una paz cada vez mayor. El camino del ecumenismo es, por ello, un trabajo por la paz en nuestro mundo.

El camino hacia la unidad no es únicamente cuestión de diálogos y acuerdos en temas teológicos y doctrinales. De poco servirían los acuerdos si no cambia la actitud de nuestros corazones. En las relaciones entre los cristianos estamos llamados a crear un clima de confianza mutua, a aprender a mirar al hermano sin recelos, a alegrarnos por la fe de todos los que creen en Cristo y por los medios y los dones de salvación que están presentes en todas las iglesias y comunidades cristianas. En un mundo en el que Dios está tan ausente de la vida de los hombres, la fe del hermano, aunque no viva la comunión plena con nosotros, debe ser un motivo de gozo para todos.

Avanzaremos en el camino hacia la unidad si todos los cristianos centramos nuestra mirada y nuestro corazón en Cristo. En la medida en que, viviendo la plena comunión con la Iglesia, nos esforcemos por profundizar en nuestra unión con el Señor llegaremos a una comprensión más profunda del Evangelio y a una cercanía mayor a todos los cristianos.

Que el Señor nos bendiga con su paz.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa