LOS PADRES, LA EDUCACIÓN Y LA TRANSMISIÓN DE LA FE 23-09-2018

A lo largo de estas primeras semanas del nuevo curso me he dirigido a los catequistas y a los educadores cristianos recordándoles la importancia que tiene su trabajo para la transmisión de la fe a los niños y los jóvenes. Pero no podemos olvidar que ni la Iglesia ni el centro educativo pueden ni deben sustituir a los padres. Su misión es ayudarles, porque los primeros educadores y los principales responsables de transmitir la fe a sus hijos son ellos. De poco servirá el testimonio de los profesores y los catequistas si los padres no asumen con responsabilidad la misión que les corresponde. Por ello, hoy quiero dirigirme a las madres y los padres que valoráis la importancia que puede tener para la vida de vuestros hijos lo que la Iglesia les ofrece, para recordaros algunos principios que deben inspirar vuestra actuación.

En primer lugar, os quiero pedir que no separéis la educación y el crecimiento en la fe. Un cristiano no puede concebir una educación que no sea integral, es decir, que no abarque todas las dimensiones de la persona, también la moral y la religiosa. Por otra parte, hay que decir también que un crecimiento de la fe, si es auténtico, debe conducir a que los jóvenes crezcan en los valores humanos y se esfuercen en realizar bien su trabajo, que en esta etapa es fundamentalmente el estudio. Cuando se vive en esta separación se está transmitiendo a los jóvenes el mensaje de que la fe no es importante para el crecimiento personal, lo que conduce a una ruptura entre fe y vida. Os pido que os preocupéis tanto de la formación intelectual como de la formación ética y religiosa de vuestros hijos.

En lo referente a la vivencia de la fe, es fundamental para una transmisión eficaz que cuidéis dos actitudes: en primer lugar, darle la misma importancia que a otras actividades en las que participan. Si un padre se enfada cuando su hijo falta a un entrenamiento del equipo de futbol y se queda indiferente cuando no quiere ir a la catequesis, le está diciendo que para él no es importante la catequesis y su hijo acabará pensando igual. En segundo lugar es decisivo que la fe se viva dentro de casa. Si unos padres se preocupan de que los hijos vayan a la parroquia, pero en casa nunca hay un momento de oración familiar ni un signo creyente que les indique que están en un hogar cristiano, los hijos pensarán que la fe es algo que se vive fuera de casa, y que en la vida familiar hay cosas que son más importantes.

Finalmente, también os quiero animar a comprometeros a acompañar a vuestros hijos en sus procesos educativos y de crecimiento en la fe. Vuestra misión como padres cristianos no consiste únicamente en buscarles un buen colegio y en preocuparos de que participen en la catequesis y en las demás actividades de la parroquia. Debéis implicaros acompañándoles en estos procesos. Si os mantenéis al margen acabarán pensando que el crecimiento en los valores morales y el conocimiento de Cristo no es algo fundamental para la vida. En definitiva, no olvidéis que vuestra misión educativa no consiste en animarles con discursos sino fundamentalmente en acompañarles con la vida.

Que el Señor os ilumine en esta delicada misión.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa