«L’eutanasia sfigura lo Stato»

Spagna, dopo il varo della legge parla la Conferenza episcopale: «Il dovere delle istituzioni è proteggere la vita»

1) ¿Por qué la Iglesia española ha decidido publicar las instrucciones pastorales sobre la etapa final de vida en este momento?

La Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio de la Vida en todo momento, pero especialmente lo debe hacer cuando el valor de la vida humana está más cuestionado, bien por una cultura inspirada en un individualismo sin límite ético que convierte cualquier deseo en un derecho, o por una legislación que no la defiende como un valor absoluto que debe ser protegido en todos los casos. Es esta la situación que estamos viviendo en España con la aprobación de la ley de eutanasia. Pero el Evangelio de la Vida es incompleto si se limitara a defender la vida presente, si se olvidara el anuncio de la Vida Eterna, que da sentido a la vida terrena y que constituye el término de nuestra esperanza, porque “si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solo en esta vida, somos los más desgraciados de toda la humanidad” (1 Cor 15, 19).

2) El Congreso de los Diputados ha culminado la aprobación de la ley de eutanasia, que el Senado está a punto de licenciar. La Conferencia episcopal española ha criticado la tramitación por “sospechosamente acelerada” ¿Por qué?

Esta ley supone una ruptura con los valores que han inspirado nuestra civilización durante siglos y que nos han ayudado a crecer en humanidad, en el cuidado hacia los que sufren, en la atención a los más enfermos. Se ha tramitado sin un debate social sereno y objetivo en el que puedan opinar todos los agentes afectados, y en un tiempo de pandemia en el que la sociedad está pendiente de otros problemas. Ni la situación, ni la urgencia social justifican esta rapidez.

3) ¿Cuál es el judicio de los obispos sobre una ley que sería avalada por el 84% de los españoles, según recientes encuestas?

Los obispos creemos que estamos ante un hecho especialmente grave, porque introduce una ruptura moral, una separación entre los valores morales y la ley positiva, un cambio en los fines del estado, cuyo primer deber es proteger la vida de todo ser humano. Es una ley que en el futuro tendrá unas consecuencias imprevisibles porque contribuirá a extender la idea de que, cuando una persona esté en unas condiciones de vida que socialmente sean valoradas como una vida que no merece ser vivida, se fomentará la práctica de la eutanasia para “solucionar el problema”. Con esta ley todos nos vemos envueltos en una inseguridad sobre el final de esta vida. Por ello, suponiendo que los datos de aceptación que usted ha mencionado fueran ciertos y que gran parte de la opinión pública considerara aceptable esta ley, la Iglesia no está para decir en cada momento lo que a la mayoría le gusta oír, sino para anunciar el Evangelio de la Vida.

4) ¿Cuáles reflexiones éticas y morales están a la base de las instrucciones pastorales elaboradas por la Conferencia Episcopal Española para la etapa final de la vida?

La vida es un don que hemos recibido y que debemos proteger de un modo absoluto, por lo que es algo sagrado que no puede depender de nadie, ni puede ser valorada en función de otros fines o intereses. Cuando se introducen excepciones a este principio para justificar su eliminación, tanto en el comienzo como al final, se entra en una pendiente que nos pone en peligro a todos, porque una excepción lleva a otra. Por otra parte, la dignidad de la vida humana no puede depender de su “calidad”, ya que este concepto responde a una percepción subjetiva que puede conducir a decisiones con unas consecuencias irreversibles.

5) La pandemia ha puesto en evidencia los límites de la vida y la profunda transformación en la vivencia de la muerte y la forma de afrontarla en nuestra sociedad. ¿Qué estamos aprendiendo?

La trasformación en la vivencia de la muerte viene de lejos. La secularización en el modo de entender la vida ha llevado a una secularización en el modo de vivir la muerte. Pero también hemos visto que muchas personas han pedido el acompañamiento de la Iglesia en estos momentos dolorosos. Esto nos lleva a pensar que, incluso en una sociedad fuertemente secularizada como la nuestra, está vivo el deseo de Dios en el corazón del ser humano. Muchos se quedan insatisfechos con los homenajes en los que Dios es el gran olvidado y en los que no hay ningún momento de oración por los difuntos, como si con la muerte hubiera acabado todo. Debemos a aprender a proponer la fe como fuente de consuelo y de esperanza, porque es la puerta que nos abre a la Vida Eterna.

6) También evidencia aún más la fragilidad de las personas mayores, la muerte en soledad ¿Como se acompaña esta fragilidad?

Todo ser humano es frágil, incluso cuando goza de buena salud. La fragilidad es una condición de la vida humana. Con el paso de los años y el debilitamiento de la salud esa fragilidad se hace más evidente, pero como forma parte de nuestra condición humana, debemos educarnos para aceptarla. El problema no es la fragilidad en sí misma, sino la forma de afrontarla: cuando confiamos en Dios, cuando sentimos la cercanía y el apoyo de los seres queridos, cuando tenemos la seguridad de que en los momentos difíciles nos sentiremos apoyados y cuidados, cuando nos abrimos a la gracia de Dios que recibimos en los sacramentos de la Iglesia, podemos vivir dando gracias incluso en medio del sufrimiento y no nos desesperamos. Este debe ser el objetivo de todo este acompañamiento, que debe realizarse con una gran delicadeza y afecto.

7) Cuáles cuestiones pastorales pone a Iglesia el último tramo de la vida?

La Iglesia no debe olvidarse de los enfermos y ancianos. Debemos valorar lo que han hecho por los demás y por la Iglesia. Debemos evitarles la sensación de que en ese momento su vida es inútil y de que nadie los quiere. Tenemos la responsabilidad de ayudarles a encontrar sentido a su situación, para que no pierdan la alegría, la ilusión y el agradecimiento a Dios por todo lo que han recibido de Él, y, como Iglesia, de cuidar su fe y su vida cristiana. Un enfermo que vive con esperanza creyente su situación y no pierde la alegría es un auténtico modelo de santidad, de esos santos “de la puerta de al lado”. Estoy seguro de que todos los obispos hemos conocido a personas que, viviendo de este modo, nos evangelizan a todos.

8) El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas considera que la ley de eutanasia supone “una depreciación de las personas con discapacidad” e que el texto “discrimina y estigmatiza” las personas con discapacidad con un enfoque “puramente clínico” y “alejado de los postulados de la Convención”. ¿Como evitar que se consideren sacrificables los más vulnerables?

Estas leyes nacen de una concepción puramente utilitarista de la vida humana y, además, fundamentan la dignidad de la persona en que se llegue a unos parámetros, de modo que quien no los alcanza pueda llegar a pensar que su vida no vale la pena. Esto introduce un principio discriminatorio: ¿Quién determina a partir de qué parámetros es digna una vida humana? ¿El poder político? ¿La opinión pública, que tan fácilmente puede manipularse? ¿El médico que te ha tocado en suerte en el momento de la enfermedad? Solo hay un camino para evitar que los más vulnerables no lleguen a ser considerados como sacrificables: no admitir ninguna excepción que justifique la eliminación de la vida humana, ni en su comienzo ni en su fin.

9) Igualmente el Comité de Naciones Unidas considera “profundamente desconcertante que, precisamente en el momento en el que se está tramitando un proyecto de ley de reforma de la legislación civil y procesal para poner fin a la sustitución de las personas con discapacidad en la toma de decisiones, como la oposición a la esterilización, se apruebe una disposición de esta naturaleza que permita que esa sustitución se aplique en una decisión tan grave como poner fin a la propia vida, además sin control judicial alguno”. ¿Falta pedagogía en el respecto de los derechos humanos no solo en la ley, sino en la sociedad española?

La cultura actual es profundamente contradictoria. Y esto es una muestra de ello. Esta contradicción se muestra en otros fenómenos: mientras que se liberaliza el aborto, se tolera la gestación subrogada o se fomenta la fecundación con métodos artificiales. En el fondo la persona ha dejado de considerarse como un valor absoluto y es considerada como un objeto del que se puede disponer según la propia voluntad. Si a esto unimos la idea de que cualquier deseo se debe convertir en ley y olvidamos que el que algo sea posible no lo hace automáticamente aceptable desde el punto de vista ético, estamos viendo las consecuencias.

Muchísimas gracias otra vez por sus respuestas y un saludo muy cordial.

Paola Del Vecchio

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