Comisión Sinodal Diocesana participa en el Jubileo de los Equipos Sinodales en Roma
Del 24 al 26 de octubre, nueve miembros de la Comisión Sinodal Diocesana, acompañados por el obispo, Mons. Sergi Gordo, participamos en Roma en el Jubileo de los equipos sinodales y de los órganos de participación. Fueron días intensos y fecundos de comunión eclesial, compartidos con personas de los cinco continentes, todos unidos por el deseo de escuchar el Espíritu Santo a través de seminarios, momentos de plegaria y celebración, y las llamadas conversaciones del Espíritu.
Junto con equipos sinodales de otras diócesis del mundo, nos hemos sentido llamados a redescubrir la Iglesia como signo visible de la unión entre Dios y los hombres, pueblo de hijos e hijas de Dios, reunidos en un mismo abrazo de amor.
Acogemos con alegría la misión que el papa León XIV nos encomienda como equipo sinodal: ser expresión concreta de una Iglesia diocesana que vive la comunión, donde las relaciones se rigen por la lógica del amor, sabiendo que nadie está llamado a mandar ni a imponer sus ideas, sino a servir, escuchar a los demás y andar juntos hacia la luz de la Palabra, impulsados por el Espíritu hasta que, por la fuerza del amor, el “yo” deje espacia al “nosotros”, superando personalismos y divisiones, y aconteciendo comunidad. Estos días jubilares, vividos en fraternidad y plegaria, han sido un signo visible de este deseo compartido: una Iglesia sinodal, ministerial y servidora, totalmente centrada en Cristo y al servicio de todas las personas, especialmente los más pobres y vulnerables.
Al concluir los días de encuentro, expresamos nuestra gratitud por la experiencia vivida, de la cual nos llevamos la alegría de haber compartido la fe entre nosotros y con hermanos y hermanas de todo el planeta.
Es cierto, lo hemos experimentado: el Espíritu continúa soplando con fuerza y nos invita a tener cura y a ensanchar el corazón, porque de él brotan las fuentes de la vida que nos llevan a rehacer relaciones y reconstruir comunidades donde todo el mundo tiene voz y lugar.
Que la Virgen Maria, Virgen de la Cinta, interceda por nuestra Iglesia diocesana y mantenga vivo el anhelo de comunión, porque, en medio de nuestras diferencias, continuamos andando juntos, abiertos a las necesidades de todos nuestros hermanos.
Gna. Pilar Goterris
Miembro de la Comisión Sinodal Diocesana







