YO SOY EL CAMINO DE LA VERDAD PARA LA VIDA 07-05-2023

El capítulo 6 del libro Hechos de Apóstoles evoca un cambio profundo dentro del crecimiento de la Iglesia primera: los nuevos adheridos a Jesucristo también son llamados discípulos, igual que los que habían seguido al Jesús histórico ya desde Galilea hasta Pentecostés.

Ahora vemos discípulos de lengua griega en relación dificultosa con los discípulos nativos de lengua hebrea. El aumento de los miembros de la Comunidad, con tensiones internas entre los grupos, provoca la necesaria intervención de los Doce que fundamentan su decisión en un criterio de escala de valores: No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas.

La misión de autoridad de los Doce es un servicio a la unidad de la Comunidad.
Todos escuchan la voz autorizada de los Doce que se dedicarán a la oración y al servicio de la palabra; y todos son convocados a buscar de entre ellos mismos a unos candidatos aptos por el nuevo servicio eclesial: Escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría.
Ni Espíritu Santo sin cordura ni cordura sin Espíritu Santo.
Entonces los Apóstoles, les impusieron las manos orando, como signo del don del Espíritu y de comunión eclesial. Todo un modelo de actuación para solucionar problemas intraeclesiales.

La segunda parte del evangelio de Joan (cp 13-21), antes del relato de la Pasión y Resurrección (cp. 18-21), presenta discursos de despedida donde Jesús se dirige casi en exclusiva a sus más íntimos, resumiendo en forma de testamento el mensaje evangélico.

En un primer monólogo (13,33-14,31) Jesús anuncia su partida de regreso al Padre con su nueva forma de presencia en el mundo.

Que no se turbe vuestro corazón: la conmoción de los discípulos viene motivada por la anunciada separación del Maestro que los ha venido educando desde Galilea y también por el trasiego ante la incertidumbre sobre la nueva presencia o ausencia del Maestro.

Ante esta incertidumbre, ¿cómo lograr la serenidad de los corazones?
Creed en Dios y creed también en mí: estos dos imperativos señalan el camino. El verbo “confiar” expresa bien fielmente el sentido original del “creer” hebreo, que el vocabulario litúrgico cristiano conserva de la palabra “Amén” indicando en quien me apoyo para creer.

De hecho, los cristianos creemos las verdades de nuestra fe porque creemos, confiamos y nos apoyamos en Jesucristo. Creyendo en Él, creemos en su mensaje.
La confianza es virtud relacional, fundamentada en una relación interpersonal que hay que cultivar para mantenerla y mejorarla. La relación creyente de confianza Jesucristo es fruto de la cordial plegaria, guiada por la lectura orante de la Palabra de Dios, y a la vez de la experiencia gozosa de vivir una fe dinámica, una caridad esforzada y una esperanza constante (1Te 1,3)

Afirmando solemnemente que “Yo soy el camino y la verdad y la vida”, nos está diciendo Jesús cuál es el camino que debemos recorrer, cuál es la verdad que tenemos que aprender y cuál es la vida que tenemos que vivir.
Camino, verdad y vida son tres sustantivos que indican la triple función específica de Jesús como mediador (camino), como revelador (verdad) y como salvador (vida).

Porque efectivamente Jesús es la Revelación del Padre a quién nadie ha visto jamás pero que Dios unigénito, hecho carne de hombre, nos lo ha dado a conocer. (Jn 1,14.18).

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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