TESTIGOS DEL RESUCITADO 01-04-2018

Cuando meditamos los relatos evangélicos de los acontecimientos pascuales, generalmente nos solemos fijar en las circunstancias que rodean las apariciones del Resucitado, en la situación espiritual en la que se encontraban los personajes que viven estos acontecimientos o en el proceso por el que cada uno de ellos va siendo recuperado para la fe. Pocas veces caemos en la cuenta de que todo comienza con un anuncio: lo primero que escucharon, tanto las mujeres que habían ido a visitar el sepulcro, como los discípulos, fue el anuncio de la resurrección.

Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas nos narran que fueron unos personajes con vestidos refulgentes los primeros que anunciaron a las mujeres que aquel a quien buscaban había resucitado (Mt 28, 6; Mc 16, 6; Lc 24, 6), y que inmediatamente les ordenaron: “id aprisa a decir a sus discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea»” (Mt 28, 7; Mc 16, 7). Las mujeres, después de escuchar esta buena noticia, sin haber visto todavía al Señor “corrieron a anunciarlo a los discípulos” (Mt 28, 8); “anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás” (Lc 24, 9). A medida que va difundiéndose la noticia el corazón de todos se va preparando para el encuentro con el Señor. Por ello, cuando las mujeres, llenas de alegría van a anunciar la buena noticia de la resurrección, están viviendo la pascua; están preparando el corazón de los apóstoles para encontrarse con el Señor y poder reconocerlo. Podemos imaginar que sin ese anuncio previo el desconcierto y el miedo se habrían apoderado de ellos al encontrarse con el Resucitado. Ellas mismas, antes de encontrarse con el Señor, tuvieron que escuchar el anuncio pascual de aquellos personajes que estaban en el sepulcro.

Casi dos mil años después de aquel primer Domingo de Pascua, la noticia continúa difundiéndose por todo el mundo. Si lo contemplamos fríamente es un hecho sorprendente: desde aquel sepulcro vacío, un mensaje que en un primer momento fue considerado “un delirio” (Lc 24, 11) por los mismos apóstoles, sigue resonando como una buena noticia para toda la humanidad; es sorprendente que a lo largo de tantos siglos, el anuncio pascual haya tocado el corazón de tantos creyentes que se han encontrado con Jesucristo y han visto cómo en su vida se abrían Nuevos horizontes de esperanza; es sorprendente pensar que la fuerza de este anuncio no se fundamentaba en la sabiduría humana, ni en el poder o la influencia social que pudieran tener aquellos primeros testigos. La fuerza transformadora está en el anuncio mismo.

Para los cristianos del siglo XXI Pascua es la fiesta de nuestra fe; la celebración que nos llena de esperanza, que nos anima a seguir anunciando a todos la buena noticia de que en Cristo se encuentra la vida. Aunque parezca que este mensaje no le interesa al mundo, no olvidemos que su fuerza no depende de nosotros. A nosotros nos corresponde seguir anunciándolo, seguir siendo testigos del Resucitado.

Feliz Pascua a todos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa