SEAMOS CONSCIENTES DEL MOMENTO QUE VIVIMOS 27-11-2022

El tiempo litúrgico de Adviento que hoy empezamos evoca la dimensión histórica-sacramental de la Historia de la Salvación. El Dios del Adviento que nos prepara a la Navidad es el Dios de la historia que en Jesús de Nazaret viene al mundo para salvar el ser humano. Si la venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento que Dios quiso preparar durante siglos, ahora necesitamos vivir a fondo el Adviento porque celebrar y revivir el Misterio de Navidad implica celebrar y revivir su preparación.

Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades, una salvación que incluirá a todas las naciones (CCE n.º 64). Cuando las circunstancias históricas del s. VIII a.C. hacían pensar en un futuro desastroso para Judá con la expansión del Imperio asirio, el profeta Isaías pronuncia un oráculo de salvación anunciando que al final de los tiempos estará firme el Monte de la casa del Señor y que irán todos los pueblos y dirán: venid, subamos al monte del Señor; él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas… La calidad de la enseñanza que sale de Sión se verá en que los pueblos de las espadas forjarán arados. Así la dimensión histórica de la Revelación cristiana recuerda la concreción de la salvación integral de la persona humana y de todas las personas; marcando también la relación intrínseca entre evangelización y promoción humana.

El Adviento es tiempo de esperanza auténtica, entendida como inserción de la fe dentro del movimiento de la historia personal y comunitaria. Por la convivencia en un mismo mundo, todas las virtudes -como también los defectos- tienen un componente contagioso. Testimoniar una fe dinámica abre caminos a nuevos cristianos; vivir la caridad esforzada estimula a nuevos servidores de caridad universal; y más aún, obrar con esperanza constante empuja a los hermanos desesperanzados a disfrutar de esperanza auténtica. Tendremos que preguntarnos dónde ponemos nuestra esperanza más profunda, en qué Proyecto tenemos esperanza y sobre todo en quién ponemos nuestra esperanza más radical.

El evangelista Mateu organiza las enseñanzas de Jesús en cinco grandes “discursos”, en el último de ellos, Jesús responde a la pregunta de los discípulos sobre cuándo pasará el fin del mundo y cuál será la señal de la venida final del Hijo del hombre. Jesús les responde avisándoles de no repetir el error cometido en tiempo de Noé: no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrastró a todos. Nosotros nos damos cuenta de que hoy lo más urgente es el llamamiento a la santidad y que debemos estar a punto porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada.

Mediante santo Pablo, hoy Dios nos dice: ¡Basta de dormir! Ya es hora de despertaros del sueño. El Adviento 2022 lo tenemos que vivir dentro de coordinadas eclesiales muy concretas: la despedida del obispo Enrique con la Sede Vacante que nos espera, y el proceso sinodal que reclama continuidad. Son retos que ponen a prueba nuestra esperanza confiada y el compromiso bautismal como Pueblo de Dios. Dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.

Con esperanza: virtud que corresponde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad (CCE n.º 1818).

José-Luis Arín Roig
Vicario General

Escuchar (catalán):

Descargar (catalán):