SANTOS DEL VERANO (I): SAN BENITO 06-07-2014

A lo largo de estos domingos de julio, les hablaré de algunos santos cuya memoria litúrgica celebra la Iglesia durante estos meses del verano. Se trata de santos que, porque han iniciado caminos de espiritualidad y de vida cristiana que han sido seguidos después muchos cristianos, o porque han dado un testimonio de fe en momentos dramáticos de la historia de Europa, nos ayudan a descubrir lo que es el alma cristiana de la cultura europea.

El día 11 de julio celebramos la fiesta de San Benito, patrono de Europa. Vivió entre los siglos V y VI. La meta que orientó totalmente su vida está reflejada en el prólogo de la regla que escribió para aquellos que, deseando imitarle, abrazaron la vida monástica: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?». Él desea alcanzar la vida, pero «la vida verdadera y perpetua», la que únicamente se puede alcanzar en el tabernáculo de Dios, en su monte santo. Toda su mirada está puesta en esta meta. Él vive y enseña a los monjes a vivir con la mirada puesta en la vida verdadera, en Dios.

En la Regla que escribió para los monasterios encontramos un auténtico camino de vida espiritual. En ella hay intuiciones que no sólo sirven para los monjes, sino que son útiles para todos los cristianos. Voy a comentarles brevemente tres:

– «No anteponer nada al amor de Cristo» (Regla, c. IV). El seguimiento de Cristo, al que todos los cristianos estamos llamados, implica que Él es, para el creyente, lo más decisivo de su vida. Nada se debe interponer entre el Señor y el discípulo. El cristiano auténtico es aquel que valora, por encima de todo, la amistad con el Señor en todas las dimensiones de su vida (trabajo, bienes, vida familiar, etc…). Lo vive de tal modo que nada ni nadie le lleve a perder esa amistad con Cristo.

– «(Descansarán en tu monte santo) los que, temiendo al Señor, no se envanecen por la rectitud de su comportamiento» (Regla, prólogo). En este consejo, San Benito entra en lo profundo del corazón y nos previene frente a la tentación frecuente de aquellos que son «buenos». Quien se esfuerza por vivir santamente fácilmente cae en la tentación de atribuir a sus propias fuerzas las buenas obras y de alabarse a sí mismo, olvidando que «por gracia de Dios soy lo que soy» (1Cor 15, 10) y que «El que se gloría, que se gloríe en el Señor» (2Cor, 10, 17).

– «No desear que le llamen a uno santo antes de serlo, sino primero serlo» (Regla, c. IV). Una advertencia contra aquellos que viven pensando más en la apariencia que en la verdad de la vida. Quien vive en la apariencia se preocupa más de lo que los demás puedan pensar o decir de él, que de la auténtica realidad de la vida. El cristiano busca ante todo vivir en la verdad.

Como vemos, estos consejos no son únicamente para monjes, sino que, si se convierten en norma de vida, orientan rectamente la espiritualidad de todo cristiano. Una buena lectura para la meditación durante el verano podría ser esta Regla que san Benito escribió para sus monjes.

Recibid mi afecto y mi bendición.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

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