SAN PASCUAL BAILÓN 17-05-2015

El día 17 de mayo celebramos la fiesta de San Pascual Bailón, un santo que nos resulta familiar, porque vivió los últimos años de su vida, hasta que murió en 1592, en Villareal, que en aquel momento pertenecía a nuestra diócesis, de la que fue un gran apóstol i donde, de un modo muy especial, se mantiene vivo el recuerdo del testimonio de su santidad. En este año dedicado a la vida consagrada descubrimos en él un ejemplo de lo que significa la pobreza evangélica vivida en toda su autenticidad.

Nació en Torrehermosa en 1540, en el seno de una familia muy pobre. Desde los 5 hasta los 17 años fue pastor. Ya en esa época vivía de tal modo que no sólo era pobre de hecho, sino que también se manifestaba como amante de la pobreza. Renunció a ser adoptado y a convertirse en el heredero de su rico amo, Martín García. Éste es el signo más claro de la auténtica pobreza evangélica. Durante estos años fue madurando en él su vocación a la vida religiosa.

En 1564 ingresó en el convento franciscano de Montforte, como hermano lego. Su humildad le llevó a renunciar desde el primer momento a la posibilidad de acceder al sacerdocio. Él lo consideraba como un honor del que no se sentía digno. En los conventos donde estuvo destinado desempeñó siempre los oficios más humildes: portero, cocinero, limosnero, hortelano, etc… nunca buscó para sí mismo ningún puesto de honor.

No era un hombre brillante ni culto. Sin embargo, poseía una ciencia superior: la sabiduría de los místicos y de los santos, que se adquiere por el camino de la oración y de la contemplación. Por ello, su fama traspasaba las paredes de los conventos en los que vivió, de modo que a él acudían  en busca de consejo no sólo personas sencillas y humildes, sino también estudiosos y personajes de su tiempo.

De un modo especial, Dios le concedió la gracia de penetrar en la comprensión del misterio de la Eucaristía con una profundidad que no se explicaba por su formación teológica. Se trataba de una sabiduría alimentada en largas horas de contemplación y adoración ante el Santísimo Sacramento. En un momento en que la fe en la Eucaristía era cuestionada por las corrientes teológicas inspiradas en la reforma de Lutero, él fue capaz de defender la fe católica en la Eucaristía hasta el punto de que en una ocasión fue apedreado por ello. Su amor a Jesús sacramentado era tan grande que lamentó no haber sufrido el martirio por la Eucaristía. Su muerte coincidió con el momento de la elevación de la Sagrada Forma en la Misa mayor del convento de Villareal. Un gesto de la gracia de Dios hacia alguien que había centrado su espiritualidad en el Sacramento del Altar.

Un religioso pobre dotado de gracias especiales. En él se cumple la ley por la que Dios distribuye gracias y dones especiales en su Iglesia: Dios concede su gracia a los humildes, a los que no tienen la tentación de utlizarlas y servirse de ellas buscando su propio interés. Así se muestra cómo el Señor enaltece a los humildes.

Que el ejemplo de San Pascual nos ayude a entender que los pobres de espíritu son aquellos que, siendo pobres, aman la pobreza y la viven con humildad, sin creerse superiores a los demás.

Que el Señor derrame su gracia sobre todos nosotros.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa.