QUE TODOS SEAN UNO 24-01-2016

Desde el 18 hasta el 23 de enero todas las iglesias y comunidades cristianas nos unimos en la plegaria, y le pedimos al Señor que nos ilumine para encontrar los caminos que nos permitan conseguir una unidad plena y visible entre todos los cristianos, y así la Iglesia llegue a ser, en medio de esta humanidad dividida, mundo reconciliado y signo del Reino de Dios.

Gracias a Dios, cada vez los signos de comunión y de caridad fraterna entre las iglesias son más frecuentes y más visibles para nuestro mundo. Nuestra diócesis, por poner un ejemplo concreto, ha puesto a disposición de la Iglesia Ortodoxa Rumana tres lugares donde pueden celebrar la liturgia y atender espiritual y pastoralmente a sus fieles, así como otros tres para la Iglesia Anglicana de Inglaterra. Teniendo en cuenta el reducido número de fieles de estas iglesias, nuestra diócesis es generosa con ellos, porque de este modo se evitan desplazamientos largos y se facilita la atención pastoral a sus fieles. Estos gestos manifiestan un sentimiento de fraternidad cada vez más claro y son expresión de un reconocimiento mutuo de que en todas las iglesias actúa el Espíritu derramando su gracia y sus dones de salvación.

A lo largo de esta semana de plegaria, los cristianos de las distintas confesiones que nos reunimos en oración, escucharemos y meditaremos juntos un texto de la Primera Carta de San Pedro: «Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios para que anunciéis las proezas del Señor que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa» (1 Pe 2, 9).

Esta carta es una especie de catequesis dirigida a los creyentes para recordarles la grandeza de los dones que han recibido en el bautismo, e instruirles en las exigencias que se derivan del hecho de haber creído en Cristo, de haber sido regenerados por el bautismo y haber entrado a formar parte del Pueblo de Dios. Esto es importante, porque la fe en el Señor y el bautismo es lo que nos une a todos los cristianos. La semana de oración por la unidad nos ayuda a situarnos en la perspectiva correcta para una relación auténticamente fraterna entre los cristianos i entre las iglesias. Reconociendo las diferencias que todavía no se han superado, no hemos de olvidar que los dones de la fe y la regeneración bautismal constituyen un fundamento tan sólido para vivir en la caridad fraterna, que ésta no debe romperse a pesar de las divisiones que permanecen.

En este texto se nos invita a que juntos agradezcamos a Dios el don de habernos llamado a la fe y a entrar a formar parte de su Pueblo. Las expresiones con las que se designa a los creyentes (linaje elegido, sacerdocio real, nación santa) indican que para ellos esto es un «honor» (1 Pe 2, 7), pero que no se debe a sus méritos, sino que es una gracia inmerecida de Dios: es Él quien nos ha elegido, nos ha llamado y se ha compadecido de nosotros (1 Pe 2, 10). También se nos recuerda que este don supone el compromiso de dar testimonio proclamando juntos las grandezas del Señor viviendo una vida de santidad (1 Pe 1, 15), amándonos unos a otros como hermanos (1 Pe 1, 22) y estando dispuestos a sufrir por la fe (1 Pe 3, 17). Aunque pertenezcamos a distintas iglesias, esto, que es lo más importante en la vida cristiana, lo podemos hacer y testimoniar juntos.

Que no desfallezcamos en la plegaria.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa