MARÍA EN LA PASCUA 25-05-2014

Estamos en el último domingo del mes de mayo, un mes que en la piedad popular está dedicado a la Virgen María. Para el pueblo sencillo mayo es el mes de María. La liturgia de la Iglesia concluye este mes con la fiesta de la Visitación de la Virgen a su prima Isabel. También estamos celebrando el tiempo de pascua, por ello esta semana os invito a acercarnos a la vivencia que María tuvo de la pascua.

Para los discípulos la pascua supuso que ellos fueron recuperados para la fe. Para María la resurrección de su Hijo fue la confirmación de su fe. El evangelista San Juan nos la presenta al pie de la cruz. Ella, en ese momento del supremo dolor no sólo está sufriendo, sino que está creyendo. Su fe en el momento de la prueba es más fuerte que su dolor. Y, aunque ella no sabe qué sucederá, tiene la seguridad de que Dios no abandonará a su Hijo. Con la fe y la esperanza vivas, el tiempo que va desde el Viernes Santo hasta el Domingo de Pascua es para María un tiempo de esperanza.

En la mañana de Pascua esa fe y esa esperanza se ven confirmadas. Cuando ella escucha el anuncio de la resurrección y cuando el Hijo se presenta ante ella en la plenitud de su gloria, la fe de María se ve plenamente colmada y su alegría llega a plenitud. La presencia del Resucitado llena su corazón de alegría. María es la mujer del gozo pascual. Por ello, el magnificat, aquel canto con el que María expresó su alegría en el Señor el día en que visitó a su prima Isabel, alcanza su sentido pleno en el momento de la Pascua. Haciendo un ejercicio de imaginación, podemos pensar que María volvería a expresar su alegría en el Señor con este cántico de alabanza: su espíritu estaría lleno de alegría en Dios su Salvador, porque en la resurrección de Cristo se revela una misericordia de Dios que alcanza a todos de generación en generación. Si en el momento de la Cruz María compartió el dolor su Hijo, ahora comparte plenamente la alegría de su victoria pascual. Si el Viernes Santo experimentó el dolor que significa la separación por la muerte, el día de Pascua María vive una alegría plena porque sabe que nada ni nadie la podrá separar de su Hijo. Aunque haya vuelto al Padre, se siente plenamente unida a Él.

Ahora que estamos terminando el mes de mayo y celebrando el tiempo de Pascua, pidamos a la Virgen que nos conceda participar de su alegría pascual: que fortalezca la debilidad y la fragilidad de nuestra fe, que conceda a los que pasan por momentos de sufrimiento una fe más fuerte que su dolor, que levante a los decaídos, que socorra a los que se encuentran en peligro, que nos conduzca a todos a vivir el gozo de la fe uniéndonos a su mismo cántico de alabanza. Que el magnificat, que es el cántico pascual de María, sea también el canto con el que expresemos todos los días nuestra alegría en Dios nuestro salvador.

Que María nos conceda a todos participar de su alegría pascual.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa