MARÍA CONSERVABA TODO EN SU CORAZÓN (Lc 2, 51) 02-07-2017

En las reflexiones sobre los distintos acontecimientos de la vida de María que les ofrezco con motivo de la celebración del año jubilar mariano que el Papa Francisco ha concedido a nuestra diócesis, hoy nos fijaremos en una afirmación que aparece en dos momentos de los relatos de la infancia del evangelio de San Lucas: después de la adoración de los pastores el evangelista nos indica que «María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón» (Lc 2, 19); y cuando regresaron a Nazaret después de haber encontrado a Jesús, que se había quedado en el templo, se nos indica de nuevo que «su madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2, 51). San Lucas nos está indicando con qué actitud espiritual la Virgen vive los acontecimientos del nacimiento y de la infancia de Jesús.

Cuando rezamos el santo Rosario estos acontecimientos están incluidos en los misterios de gozo. Pero si leemos atentamente los evangelios descubrimos que es un gozo no exento de preocupaciones e inquietudes: el nacimiento de Jesús, que es una noticia que «será de gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2, 10) es vivido en una situación de soledad y pobreza; en la presentación de Jesús en el templo, que es vivida por el anciano Simeón como la realización de la esperanza más importante de su vida, María tiene que escuchar unas palabras inquietantes («a ti misma una espada te traspasará el alma» [Lc 2, 35]; la llegada de aquellos magos, que «cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2, 11), provocó el exilio de la Sagrada Familia a Egipto y la matanza de los inocentes (Mt 2, 13-23); la peregrinación a Jerusalén para celebrar la Pascua cuando Jesús tenía 12 años, que era un momento de fiesta, se vió empañada por la decisión de Jesús de quedarse en el templo y, además, fue la ocasión para que María y José escucharan de sus labios las primeras palabras que nos transmiten los textos evangélicos: «¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» (Lc 2, 49). El evangelista precisa que «ellos no comprendieron lo que les dijo» (Lc 2, 50).

La actitud espiritual de María es la de una persona que tiene una fe profunda: sabe que quien decide la historia de su hijo no son ni ella ni José, sino Dios y que, por ello, su misión consiste en ir descubriendo la voluntad de ese Dios, que se va manifestando en los distintos momentos que viven junto a Jesús. El «conservar» y «meditar» es la respuesta creyente a las situaciones que no se comprenden; a las circunstancias que constituyen una dificultad en el camino de la vida; a los acontecimientos que nos suceden y que no coinciden con los proyectos, deseos o ilusiones que nosotros nos hemos creado; a las contrariedades que surgen en el camino de la vida. En estas situaciones el creyente debe reaccionar reconociendo con humildad que quien guía la historia de su vida en el camino hacia la salvación es Dios, y acogiendo en espíritu de obediencia la voluntad de Dios. Para vivir así es necesario tener esa actitud contemplativa de María que nos transmiten los evangelistas, y que es la que nos ayuda a no perder la paz en ningún momento de nuestra vida.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa