LOS CONSAGRADOS A DIOS: SAL DE LA TIERRA Y LUZ DEL MUNDO 05-02-2023

El día 2 de febrero la Iglesia universal celebra la Jornada de la Vida Consagrada; en nuestra diócesis se hará el sábado 4. El lema de este año es “Caminando en esperanza”. “Caminando” hace referencia a la vida cotidiana con acción continuada y persistente que no se cansa nunca ni se para; “en esperanza” indica la manera de vivir hoy la Consagración, mirando el futuro con el corazón de Cristo en quién nosotros tenemos fijos los ojos (He 12,2)

Los Consagrados son verdadera riqueza de la vitalidad eclesial. En nuestro Obispado, además de los Monasterios de Vida Contemplativa que son un oasis en medio de nuestro mundo, y de las Comunidades Religiosas de Vida Activa dedicadas tanto a la Enseñanza como a la Caridad, últimamente se ha hecho presente en nuestra diócesis la Vida Eremítica con dos ermitañas que, aunque ya estaban vinculadas canónicamente al Arzobispado de Tarragona, ahora se han vinculado oficialmente del todo a nosotros.

Los Consagrados a Dios viven de manera radical la solidaridad de la que nos habla hoy el profeta Isaías en la primera lectura: partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo. Auténticos referentes para que todos los que hemos recibido la marca de la consagración bautismal, aprendamos así la lección: Cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
Imitando el ejemplo del apóstol Pablo, que en Corinto nunca se preció de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado, los Consagrados son un modelo para toda la Comunidad eclesial llamada a ser en medio del mundo un signo de contradicción con el Evangelio de Jesucristo como bandera.

Hoy la Iglesia es urgida por el Señor a revivir la experiencia paulina en Corinto, ante una sociedad que vive en las antípodas de los valores cristianos. En la manifestación y el poder del Espíritu, sin palabras ni recursos de sabiduría humana, entre los corintios la fe se apoyaba en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Este es el reto de la Iglesia hoy que tenemos que encarar sinodalmente, con los Consagrados ejerciendo un papel destacado dentro del Pueblo de Dios.
Jesús, habiendo presentado el programa, las Bienaventuranzas, dijo a sus discípulos: Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo.
Los destinatarios del encargo de Jesús son los mismos a quienes acaba de decir: Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa… De la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros. Ciertamente esta es misión de toda la Asamblea eclesial: ser la sal de la tierra y la luz del mundo.
La dimensión misionera expresada en la doble mini-parábola de la sal de la tierra y la luz del mundo exige antes que nada la fidelidad a la propia identidad porque si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

No reclama Jesús una preservación de cierre, equivalente a una pastoral de mera conservación, sino la fructificación del gran talento de la identidad cristiana que nos ha sido regalada en el Bautismo.

Es decir, la fructificación de la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y la firmeza de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor (1Te 1,3), haga que brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.

La vitalidad de la Iglesia se mide por la vitalidad de las Comunidades Religiosas: a la vez que la oración y testimonio de vida de los Consagrados dinamizan las Comunidades Parroquiales.

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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