LA VIRGEN TENDRÁ UN HIJO Y LE PONDRÁN EMMANUEL 18-12-2022

Acaz, rey de Judá, ha recibido del profeta Isaías la invitación divina: conserva la calma, no temas y que tu corazón no desfallezca ante esos dos restos de tizones humeantes: la ira ardiente de Rasín y Siria, y del hijo de Romelías. Dios le hace saber que los planes siro-efraimitas de atacar Judá y destronar Acaz ni ocurrirán ni se cumplirán.

Acaz tiene que creer en el Señor para mantenerse firme ante las amenazas extranjeras. Por eso el Señor le dice a Acaz: pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo. Acaz responde: No lo pido, no quiero tentar al Señor.

¡Qué palabras más bonitas! Lástima que detrás de ellas se esconde la decisión de actuar al margen de la indicación providente de Dios. Por eso no le interesa comprobar si el mensaje profético viene o no de Dios.

Entonces dijo Isaías: Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la doncella está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel. El oráculo inicialmente podía hacer pensar en la joven esposa del rey, todavía sin descendencia: lo cual favorecía los intereses de un cambio de dinastía con el destronamiento de un rey sin hijos. El hecho posterior de tener descendencia se interpretó como intervención de Dios a favor de su Pueblo.

Pero cuando el judaísmo de la diáspora, meditando los textos sagrados, tradujo las Escrituras Sagradas del hebreo al griego (lengua hablada por los judíos fuera de Palestina) ya no usó el genérico “doncella” sino el término preciso “virgen”. El sentido de fe del Pueblo fiel esperaba una nueva intervención de Dios mucho más llena con protagonismo de una virgen.

A las puertas ya de la Navidad, en el evangelio contemplamos a san José que protagoniza la otra respuesta a la intervención de Dios, al contrario de Acaz. La señal que José recibe de Dios es dramática: María, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José sabe que él no es protagonista de la situación, pero a la vez como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Entonces interviene Dios, verdadero causante de la situación.

Se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

Con impresionante sobriedad el relato evangélico dice que, cuando José se despertó, tomando conciencia del que Dios le pedía, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor. La respuesta de José a las señales de Dios es perfectamente equiparable a la de María en la Anunciación.

Con la Corona de Adviento ya encendida por completo, sintámonos cómo san Pablo siervos de Cristo Jesús, llamados a ser apóstoles, escogidos para el Evangelio de Dios: Dios quiere volver a nacer en nuestros corazones, en nuestras familias, en nuestras Comunidades. Quiere volver a nacer con una Navidad 2022 que sea sobre todo presencia abundante de Dios-con-nosotros; una Navidad sinodal que ponga alma a nuestra Iglesia diocesana: el alma de quien es la Palabra de Dios hecha carne por todos los hombres; el alma de una espiritualidad de comunión; el alma de una caridad que efectivamente transforme a los pobres en los preferidos de nuestro corazón, como lo fueron para Jesús de Nazaret.

José-Luis Arín Roig

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