La residencia diocesana de ancianos, una obra de iglesia 27-09-2015

Cuando el Señor encomendó a sus discípulos, y en ellos a toda la iglesia, la misión de anunciar el Evangelio y de celebrar los sacramentos, también nos dejó como testamento y trabajo la preocupación y compromiso concreto a favor de los más débiles y necesitados de nuestro mundo. Un encargo que la iglesia, desde el primer momento, ha intentado llevar a cabo en todos los ámbitos y lugares donde ha llegado su presencia.

Del mismo modo en nuestra diócesis. Desde que tenemos noticias históricas de la configuración de la diócesis, sabemos de la preocupación de los obispos diocesanos porque en todo el territorio fuera predicado el Evangelio y todos tuvieran oportunidad de recibir el Bautismo. También hay noticias históricas de la atención que en nuestra iglesia diocesana se ha tenido siempre por los más débiles. De hecho, junto a la Catedral, se erigió un hospital.

También ahora, siguiendo el mandamiento del Señor Jesús, nuestra iglesia diocesana continúa con el mismo interés porque no falte la predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, ni la atención a los más necesitados de nuestra sociedad.

Y entre tantas obras, actualmente hay una muy estimada y cuidada por la diócesis, que es la de la residencia diocesana de ancianos “San Miguel arcángel”. En el siglo XIX, ante las necesidades de mucha gente que por salud o por edad se quedaba sin poder trabajar, y por lo tanto sin nada para comer y vivir, nacen instituciones y congregaciones religiosas que en nombre de la iglesia las acogen y se preocupan de procurarles comida y cobijo. En este contexto nace en Francia la congregación de las “Hermanitas de los pobres” fundada por Santa Juana Jugan, y nace en Tortosa la Residencia de ancianos que estas religiosas, “las hermanitas” como afectuosamente las conocemos, con espíritu de servicio altruista y de entrega generosa regentarán durante más de un siglo.

Cuando en 1985, por motivos propios, tuvieron que dejarla, la diócesis, encabezada por quien entonces era su obispo, don Ricardo, cardenal Carles, viendo la obra realizada y la necesidad que cubría, se hizo cargo de ella, recogió la herencia adaptándola a las necesidades de los tiempos con la ayuda necesaria e inestimable de las hermanas de la Consolación. Los obispos Lluís Martínez Sistach y Javier Salinas continuaron en la remodelación, ampliación y adaptación de esta obra emblemática de asistencia a las personas mayores de nuestra diócesis.

Se cumplen ahora los 30 años desde que nuestra Diócesis asumió la gestión de la residencia. Desde entonces y en continuidad con los ideales que han animado su vida desde sus inicios, ofrece a los residentes atención personalizada, cuidado individual, presencia y servicio religioso, competencia en el trabajo, actualización de los procedimientos y modernización de los sistemas.

Mi misión como obispo de Tortosa no es otra que seguir el mandamiento de Jesús y velar porque se cumpla. No sólo el de Evangelizar propiamente dicho, sino que el servicio y la atención a los pobres, a los necesitados y a los ancianos se lleve a cabo con competencia y generosidad.

Gracias a todos los que hacéis posible día a día que esta obra de la Iglesia continúe viva, por vuestro esfuerzo y dedicación. Recibid todos mi bendición.

+ Enrique Benavent Vidal,
Obispo de Tortosa