LA MISERICORDIA RESPLANDECE EN LA CRUZ DE CRISTO 20-03-2016

Un año más nos disponemos a celebrar la Semana Santa. Con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor empezamos unos días especialmente significativos en el calendario cristiano. La celebración de este año, en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia, constituye una invitación a contemplar al Crucificado con ojos de fe y amor, y a descubrir en la Cruz la revelación más grande de la misericordia de Dios.

Los cristianos no podemos olvidar que la misericordia es el signo de una religiosidad auténtica (Mt 9,13). Por ello, no podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno ni mirar con desprecio a los pobres y desamparados, porque sabemos que en el corazón de Dios son los que ocupan el primer lugar.

Tener misericordia de los demás implica también perdonar las ofensas. Dios tiene piedad del pecador porque perdona su pecado, porque está siempre dispuesto a la misericordia y al perdón aún cuando justamente nos podría castigar.

En el Crucificado brilla la misericordia de Dios hacia quienes sufren, porque el Hijo ha cargado con el sufrimiento del mundo y lo ha hecho suyo. No hay ningún dolor humano que Jesús no haya experimentado. En la Cruz se ha hecho solidario con todo el dolor de la humanidad.

En el Crucificado brilla la misericordia de Dios como perdón del pecado del mundo. El que podía castigarnos por nuestros pecados, acepta el castigo injusto; el que podía condenarnos por la injusticia que los hombres hemos cometido al crucificar a quien había pasado haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, desde la Cruz pide al Padre el perdón para sus perseguidores. Cristo ha tenido misericordia de nosotros porque además de suplicar el perdón para sus verdugos, los ha excusado: “no saben lo que hacen”. Mientras que los hombres buscamos motivos para acusarnos los unos en los otros, Cristo busca en la Cruz razones para excusarnos y, de este modo, poder perdonarnos.

Vivimos en un mundo que fomenta muchas veces en la relación entre las personas actitudes despiadadas, sentimientos de venganza, y pierde la capacidad de perdonar. En lugar de buscar caminos para ayudarnos mutuamente a avanzar, buscamos motivos para acusarnos los unos a los otros. En lugar de perdonar a quien nos ofende, buscamos el momento para devolver la ofensa.

En el himno de la carta a los Filipenses que se proclama en la liturgia del Domingo de Ramos, se nos invita a tener los mismos sentimientos de Cristo (Fl 2, 5). Esto significa pedir a Dios que nos dé un corazón capaz de apiadarse de los que sufren y de perdonar a quienes nos ofenden. Este es el camino para que el mundo encuentre la salvación.

Que estos sean unos días de gracia para quienes nos sabemos necesitados del amor de Dios. Pidamos al Señor que tenga piedad de nosotros. Quien contempla en el Crucificado la grandeza de la misericordia que hay en su corazón y en el corazón del Padre, no puede hacer otra cosa que reconocer su pobreza y la necesidad de recibir el perdón de Dios.

Que sean unos días de gracia para todos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa.