LA FIESTA Y LA CELEBRACIÓN DE LA FE 04-09-2016

A lo largo del verano se celebran en muchos de nuestros pueblos las fiestas mayores dedicadas a la Virgen María o a algún santo que es venerado con especial devoción. En muchas ocasiones he podido comprobar con alegría que estos días son especialmente significativos en el ritmo de vida de los pueblos, porque se intensifica la convivencia entre familiares y amigos, y además constituyen una ocasión para que aquellos que, por razón de trabajo o por otras causas tuvieron que trasladarse a vivir a otros lugares, se reencuentren con sus raíces.

Desde que estoy en la diócesis he tenido ocasión de participar en muchas de estas celebraciones y de comprobar cómo en ellas se expresa el alma de los pueblos; he podido disfrutar de la belleza de las tradiciones, que se mantienen con un gran esfuerzo a pesar de la despoblación crónica que se vive en algunas zonas de la diócesis. Desde aquí quiero expresar a todos mi admiración por tanta riqueza de fe y de tradición que, todavía hoy, podemos vivir y disfrutar.

Pero sobre todo hemos de valorar el hecho de que durante estos días sale a la luz el alma creyente que hay en nuestros pueblos y ciudades. Efectivamente, en la fiesta comprobamos que la devoción a la Virgen y a los santos patronos está viva en el corazón de muchas personas. En las fiestas se experimenta de una manera especial la cercanía consoladora de María y de los santos, que se vive como una presencia viva, capaz de despertar sentimientos que surgen desde lo más hondo de cada uno de nosotros. Por ello nuestras fiestas son, sobre todo, un momento para alegrarnos por el don de la fe que ilumina y guía nuestra vida.

El Papa Francisco, en la exhortación “Evangelii Gaudium”, dedica unas bellas páginas a recordarnos la importancia de la religiosidad popular en la vida de la Iglesia, porque ella ayuda a mantener la fe de los sencillos; y también a anunciar el evangelio, porque el Señor puede servirse de estas devociones que hemos recibido de nuestros antepasados para tocar el corazón de muchas personas y despertar en ellas el amor hacia Él.

Es importante que en nuestras parroquias valoremos la fuerza evangelizadora de estas celebraciones y que las cuidemos y las preparemos con esmero. No olvidemos que las tradiciones que cada año revivimos en las fiestas de nuestros pueblos y ciudades, han nacido y son expresión de la belleza de la fe, y están al servicio de esa misma fe que durante estos días se expresa y se vive con especial alegría y fervor.

A todos los que ya habéis celebrado vuestras fiestas mayores y a quienes las vais a vivir próximamente, quiero desearos que experimentéis siempre la protección de la Santísima Virgen María y de los santos patronos. A través de ellos nos llega la bendición del Señor.

Con mi afecto y mi bendición,

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa