LA FAMILIA DE JESÚS 03-09-2017

En los evangelios sinópticos se nos narra un acontecimiento de la vida pública de Jesús donde también está presente María. Estando predicando el Señor, se presentaron su madre y sus hermanos e intentaban hablar con Él. Cuando se lo dijeron a Jesús, su reacción no dejaría de sorprender a quienes la escucharon: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?… Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mt 12, 48-50; Mc 3, 33-35). En el evangelio de Lucas se nos presenta otra versión de las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 8, 21). Esta guarda relación con otro acontecimiento que se nos narra en el mismo evangelio: en otra ocasión, mientras Jesús predicaba, una mujer le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». A este elogio Jesús respondió: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11, 27-28). El hacer la voluntad de Dios de Mateo y Marcos, se ha interpretado por Lucas como escuchar su palabra y cumplirla.

Jesús está unido a María por un doble vínculo. De ella ha recibido el cuerpo humano y este hecho hace que existan entre ellos los lazos humanos de carne y sangre. Pero Jesús, siendo hijo de María según la humanidad, es también el Hijo de Dios según la divinidad, de modo que ella ha podido ser su madre porque ha creído. María está plenamente unida a Cristo, tanto por el vínculo de la sangre como por el de la fe obediente a la voluntad del Padre. En ella, estas dos dimensiones son inseparables.

En sus palabras, Jesús nos insinúa dos cosas: en primer lugar que lo que es decisivo para estar en comunión con Él no son los vínculos de la carne y de la sangre, sino los de la fe y la obediencia a su Padre. María ha vivido plenamente en el ámbito de esta fe viva y, por ello, no hay que entender estas palabras como minosprecio de su persona, sino como una indicación de lo que en ella es verdaderamente grande. En segundo lugar, esto hace posible que la familia de Jesús no se limite al parentesco carnal, sino a todos los que tienen una fe viva porque escuchan la Palabra de Dios y la cumplen.

Durante el verano, y de manera especial estos primeros días del mes de septiembre, en la Santa Iglesia Catedral se celebra la solemnidad de la Virgen de la Cinta, y en muchos de nuestros pueblos y ciudades se viven con alegría las fiestas mayores en honor de la Virgen bajo distintas advocaciones: ¿Cuál es la razón profunda que hace que la Virgen María esté tan presente en la fe de los sencillos y que el pueblo cristiano la venere con tanta alegría? El sentido de fe nos lleva a descubrir que también nosotros formamos parte de la familia de Jesús, que en esa familia María ocupa un lugar único y singular, no sólo porque es la Madre del Señor según la carne, sino porque el testimonio de su obediencia a la voluntad de Dios nos anima a todos en el camino de la fe y nos fortalece en las dificultades de la vida.

Que ella nos bendiga y nos ampare a todos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa