JORNADA POR LA VIDA 23-03-2014

El próximo 25 de marzo, solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios, la Iglesia celebra la jornada por la vida. Una jornada que debemos dar a conocer ante la indiferencia que se ha instalado en nuestra cultura y los continuos ataques a la vida humana.

La mentalidad contra el principio del valor absoluto de la vida humana desgraciadamente continúa extendiéndose en Europa. Primero fue la «despenalización» del aborto en determinados supuestos. A la «despenalización», siguieron unas legislaciones que consideran el aborto como un «derecho» de la madre a decidir si continúa con el embarazo, es decir, como un derecho a decidir sobre la vida del hijo concebido y no nacido. Después siguió la despenalización de la eutanasia, presentada eufemísticamente como «derecho a una muerte digna». El último episodio que hemos vivido recientemente en Europa ha sido la aprobación, en Bélgica, de una ley que permite la eutanasia infantil. Cuando un niño tenga una enfermedad incurable, se encuentre próximo a la muerte y padezca graves sufrimientos, podrá solicitar que se le aplique la eutanasia. Los padres tendrán que aprobarlo, con lo cual, se producirá la situación de que aquellos que más deberían amar y proteger a sus hijos, se pueden convertir en los que firmen su sentencia de muerte. La deshumanización de nuestra sociedad y de nuestra cultura está llegando a unos límites que eran impensables hace tan sólo unas décadas.

Ante este avance de lo que el Beato Juan Pablo II caracterizó como «cultura de la muerte» nuestra sociedad reacciona con una indiferencia y, en muchos casos, con una aceptación positiva de estos comportamientos que estremece a las personas que tienen todavía un mínimo sentido de la dignidad humana. Los cristianos hemos de luchar para sembrar una nueva mentalidad en nuestro mundo: Frente a esta cultura que desprecia como inútil la vida de las personas enfermas o ancianas y la vida del no nacido, los cristianos estamos llamados a dar un testimonio en dirección radicalmente opuesta: cuando la vida de un ser humano más débil e indefensa es, más debe ser respetada, más debe ser amada y más debe ser protegida. Éste es el único camino para que nuestro mundo no acabe deshumanizándose.

El día 25 de marzo celebramos el hecho de que el Hijo de Dios, al hacerse hombre, se ha unido en cierto modo a todo hombre. Pero la solidaridad del Hijo de Dios con la humanidad es, ante todo, solidaridad con los pequeños, con los que sufren, con los últimos de nuestro mundo. De todos ellos se ha hecho hermano Jesucristo, no eliminándolos, sino asumiendo, compartiendo y haciendo suyo el sufrimiento de toda la humanidad y, al abrir ese sufrimiento a la esperanza de la vida eterna, ofreciéndoles una esperanza insospechable. Cristo se ha solidarizado con la humanidad colocándose junto a los que sufren. La verdadera solidaridad y compasión con el que sufre no es eliminarlo, sino estar a su lado mostrándole el amor que Cristo le tiene.

Que el Señor de la vida nos bendiga a todos con su amor.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa