HE VENIDO PARA QUE LAS OVEJAS TENGAN VIDA 30-04-2023

En el esquema general de los Hechos de los Apóstoles, la sección 2,1-47 es como el programa de todo el libro. Después de que el día de Pentecostés se llenaron todos de Espíritu Santo, el apóstol Pedro poniéndose en pie junto con los Once y con autoridad explicó el sentido de lo que había pasado: al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías. Es el primero de los tres grandes discursos misioneros de Pedro donde interviene siempre con los Once.

Después, imitando la predicación de Jesús, propone: Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, para perdón de vuestros pecados.
Así reconciliados con Dios por la incorporación bautismal a Cristo, recibiréis el don del Espíritu Santo, que es la gran promesa de Dios para vosotros y también para los que están lejos: evocando la dimensión misionera de la Iglesia.
Efectivamente los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.

La experiencia de la Iglesia primera de Jerusalén tiene su fundamento en Jesús, según el modelo de 1Pe que destaca el valor de compartir la Pasión de Cristo en medio de la persecución. Esta carta pastoral pone el énfasis en tres actitudes básicas del cristiano: obedecer, hacer el bien y sufrir. En el obedecer está el termómetro de la fidelidad a Dios; hacer el bien es la traducción dinámica de la bondad; sufrir es seguir las huellas de Jesús que confía su causa al que juzga rectamente.

La literatura oriental, para explicar la relación entre los gobernantes y los gobernados, emplea a menudo las imágenes de pastor, ladrón, rebaño, ovejas, puerta, corral...; igualmente el A.T., sobre todo a partir del pastor rey David.
Yo soy la puerta de las ovejas: afirma solemnemente Jesús, indicando el punto de acceso para acercarse a las ovejas.

En referencia a los pastores-gobernantes, avisa que el que no entra por la puerta -que es Jesús- sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido. Más allá de la supuesta buena voluntad, todo acceso al pueblo de Dios que no tiene como modelo el estilo de Jesús, en el fondo es un robo a los derechos del Pueblo de Dios a ser guiados y acompañados por aquellos a quién Dios encomienda la misión. “Ponerse por delante de Jesús” es robar a las ovejas que solo pertenecen a Dios y que Jesús puede llamarlas suyas porque el Padre se las ha encomendado: Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre (v.29).

Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos: ¿también Abraham y todos los profetas? Ciertamente el lenguaje de Jesús aquí es radical para indicar su condición singular como el Enviado de Dios por excelencia; pero no quiere excluir a los Patriarcas y profetas de quienes a menudo recuerda los oráculos para fundamentar su misión. Hay que entender la expresión “venir antes de mí” no en clave cronológica sino en dimensión teológica: todos los que son puestos por delante de mí, usurpando mi papel de ser la puerta única de acceso definitivo a Dios, son ladrones y bandidos.

Quien entre por mí se salvará: referido a los pastores, significa tener a Jesús por modelo y acercarse a las ovejas, no para aprovecharse, sino para gastar la vida hasta darla por ellas; referido a las ovejas, que van y vienen pasando por la puerta, significa que con Jesús sí podrán entrar y salir libremente y encontrarán pastos.

Porque, en definitiva, quien es la puerta también es el buen pastor que ha venido para que tengan vida y la tengan abundante. Sin pasar por alto el detalle filológico de una correcta teología de la Salvación muy traducida en la profesión de fe: Quien entre por mí “se salvará” de todo peligro.
No nos auto salvamos a nosotros mismos, sino que confiamos en ser salvados por Cristo a quien nos unimos por la fe, la esperanza y la caridad.

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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