HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA (Lc 1,38) 14-05-2017

La celebración del año jubilar mariano, que el papa Francisco ha concedido a nuestra catedral con motivo del cuarto centenario de la fundación de la Real Archicofradía de la Virgen de la Cinta, ha de ser una ocasión para profundizar en el sello mariano de nuestra vida cristiana.

La devoción a la Virgen es un camino seguro de santidad por dos motivos. El primero es de orden teológico: cuando nos acercamos a la vida de cualquier santo, descubrimos que cada uno de ellos destaca porque ha vivido radicalmente un aspecto del mensaje evangélico. Unos destacan por su vida de oración, otros por su actividad pastoral, otros porque han practicado la misericordia, algunos han sido grandes confesores, etc… En María no destaca ningún aspecto del evangelio sobre otro porque los ha vivido todos en plenitud y en perfecta armonía. Hay otro motivo: si miramos la historia de la Iglesia no encontraremos ningún santo que no haya cultivado el amor a la Madre del Señor. La devoción a la Virgen es un signo de amistad con Cristo y, por tanto, de santidad.

María hace su aparición pública en la historia de la salvación en el momento de la Anunciación. Todo lo que haya podido ocurrir antes en la vida de María no era más que una preparación para este momento. Todo lo que vendrá después no es más que la consecuencia de lo que aquí sucede. Estamos ante un acontecimiento decisivo en la historia de la salvación. En la «plenitud de los tiempos» (Ga 4,4), el Hijo de Dios tiene que entrar en la historia humana para restablecer la alianza de amor entre Dios y la humanidad. Para que esto pueda ocurrir sin violencia moral, Dios pide la colaboración de la humanidad, personificada en María. El mensaje del ángel anunciándole la elección de Dios y solicitando su asentimiento, muestra la delicadeza y el respeto de Dios a la libertad humana. Al responder al ángel con las palabras: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), María está cooperando a la salvación del género humano.

El sentimiento que aflora en nuestro corazón al contemplar este primer momento público del camino de fe de María es la gratitud. San Bernardo de Claraval, en un sermón sobre el pasaje evangélico de la Anunciación, transmite de una forma magistral la necesidad que la humanidad tiene de que María responda positivamente al mensaje del ángel, porque de su respuesta depende la salvación de la humanidad y el consuelo de todos los que esperaban la redención.

El de María es también modelo de la obediencia confiada que todo creyente debe prestar a Dios. En su respuesta no hay la más mínima tentación a decir que no, porque su corazón ya era para Dios y se fiaba totalmente de Él; tampoco se reserva nada para sí misma, porque ya se había entregado totalmente a lo que Dios le pida; y una vez ha dicho ya no se planteará si hubiera sido mejor para Ella haber tomado otra decisión en su vida, ni siquiera en los momentos de mayor oscuridad. La fe de María es confiada, generosa y fiel.

En los momentos en los que nuestra fe pueda oscurecerse, que Ella sea nuestra luz.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa