FRENAR LA DESIGUALDAD ES LEY DEL SEÑOR 12-02-2023

En el Salmo Responsorial de hoy repetimos con el salmista: Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor. Es un salmo con tantas estrofas como letras tiene el alefat hebreo que gira en torno a un tema único: la excelencia de la Ley del Señor.

Si esta plegaria de alabanza a la Ley del Señor estaba muy motivada ya en la perspectiva del Antiguo Testamento, mucho más lo es ahora para los cristianos.

Previamente, en la primera Lectura hemos escuchado al sabio Ben Sirá que se dedicó al estudio de la Ley, los Profetas y los Escritos, abriendo en Jerusalén una escuela de Sabiduría.

Confesando que grande es la sabiduría del Señor, nos advierte que, si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad.
¿Qué Ley? ¿La del Antiguo Testamento, incompleta por definición?
O, más bien, ¿la voluntad de Dios iniciada en tiempo de Moisés y expresada en los 10 Mandamientos, pero culminada por Jesús que nos dice: no creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud?

La fe cristiana nos guía hacia una fe suficientemente madura, con una sabiduría que no es de este mundo presente ni de sus dirigentes, pero que Dios nos ha revelado por obra del Espíritu Santo. Porque en muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo (Heb 1,1).

En la Nueva y definitiva Alianza sellada con la sangre de Cristo, el precepto antiguo del “No matarás” ha recibido de Jesús un dinamismo incomparablemente superior: No matarás ni la vida ni la dignidad de ningún hermano tuyo, por quien Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, ha dado su vida en la Cruz.

Más aún: si de verdad quieres ser feliz buscando la Ley del Señor, nunca puedes olvidar el regalo del Maestro Jesús que nos avanzó las preguntas del examen final que el Hijo del hombre hará a todos los pueblos.
Cuando tuve hambre y sed, fui forastero, estuve desnudo, enfermo, en la cárcel, ¿qué hicisteis?

Porque cada vez que actuabais solidariamente a favor de quienes sufrían desigualdades, conmigo lo hicisteis.

Igualmente, cuando no obrabais en solidaridad a favor de los desfavorecidos, tampoco lo hicisteis conmigo (Mt 25,31s).

La Campaña “Manos Unidas” nos hace el favor de recordarnos una gran verdad: “Frenar la desigualdad está en tus manos”. No valen excusas.
Por eso: Si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Indiscutiblemente muchos hermanos nuestros tienen con razón más que quejas contra nuestra insolidaridad y contra nuestra espiritualidad desencarnada.
Efectivamente, si tu ojo, es decir tu manera de entender y vivir la piedad cristiana, te induce a pecar y desobedecer lo autentica voluntad del Señor, sácatelo y cambia la manera errónea de entender la piedad. Igualmente, si tu mano, es decir tu riqueza, te induce a pecar de insolidaridad, córtatela y tira fuera de tu corazón la ambición por las riquezas. Solo así, con el regalo de una vida santa y agradable a Dios, podremos de verdad presentarle a Dios el culto espiritual que Él espera de nosotros (Ron 12,1)

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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