ESTE ES MI HIJO AMADO 08-01-2023

Para conmemorar, agradecer y reavivar nuestro bautismo sacramental, somos hoy llamados a celebrar el bautismo de Jesús a manos de Juan el Bautista.

En todos los evangelios el relato del Bautismo de Jesús con la proclamación de la voz de los cielos hace de preludio a su Ministerio público.
El evangelista Mateo es el único que explicita las reticencias del Bautista que no quería admitir a Jesús en su bautismo de conversión diciendo: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? El razonamiento es contundente: cada rito bautismal tiene la fuerza de aquel de quien proviene.
El diálogo de Jesús con Juan responde a la cuestión de por qué el Mesías quiso recibir un bautismo definido como “de conversión y de penitencia”.
Jesús da la respuesta: Conviene que así cumplamos toda justicia: indicando el proyecto salvador de Dios. ¿Qué plan de Dios puede reclamar que el Hijo Unigénito de Dios se ponga en la fila de los pecadores necesitados de penitencia y conversión?

El discurso de Pedro en casa de Cornelio destaca que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Pero también dice que envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. Esto rogamos en el Salmo Responsorial: El Señor bendice a su pueblo con la paz.

La carta-homilía a los hebreos empieza recordando que en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, único Gran Sacerdote (He 2,17-18) que tenía que parecerse en todo a sus hermanos para llegar a ser así de verdad Sumo Sacerdote misericordioso y fiel.

Debe entederse el bautismo de Jesús a manos del Bautista como una muestra más del parecido del Hijo del hombre con sus hermanos, los hombres. Parecido desigual entre el bautismo con agua de Juan en el Jordán y el sacramento del Bautismo con Espíritu Santo y fuego, que proviene de Cristo y por el cual nos hemos convertido en un mismo ser con Cristo (Catecismo n.º 2565).

El sacramento del Bautismo transmite las notas humildes del Siervo del Señor: No gritará, no clamará, no voceará por las calles.
Hoy recibir el Bautismo no tiene resonancia social, muchas familias no le dan la importancia que realmente tiene. Hace falta una verdadera conversión hacia una conciencia de fe cristiana sobre este sacramento.
Cuando san Pablo habla de ser bautizados “en” Cristo o también “en el nombre” de Cristo siempre usa una expresión direccional penetrante que habría que traducir mejor diciendo “hacia dentro de Cristo”. Lo enseña la Iglesia: Esto es particularmente verdad en el caso del Bautismo por el cual nos unimos a la muerte y a la Resurrección de Cristo (Catecismo 790).
Todos los bautizados hacia dentro de Cristo os habéis revestido de Cristo (Gálatas 3,27) porque en lenguaje bíblico el “vestido” indica la realidad profunda de una persona que puede ser percibida por los otros. Los revestidos de Cristo viven su identidad sacramental de hijos de Dios con el testimonio de una vida auténticamente evangélica.

En la escena del bautismo de Jesús destaca la afirmación teológica de que se abrieron los cielos indicando que con Jesús de Nazaret divinidad y humanidad se han unido por siempre jamás. La voz de los cielos completa la presencia trinitaria con el Padre Dios que declara solemnemente “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco” y el Espíritu de Dios que suavemente bajaba como una paloma y se posaba sobre Jesús de Nazaret.

Demos gracias a Dios por el Bautismo recibido y evangelicemos positivamente sobre la importancia del primer sacramento.

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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