ESTE ES EL TIEMPO DE LA MISERICORDIA 07-02-2016

El próximo miércoles, con el rito a la vez austero y solemne de la imposición de la ceniza, comenzaremos el tiempo de cuaresma. Escuchando la Palabra de Dios, orando con más intensidad, viviendo la experiencia del ayuno para llegar a sentir que la verdadera felicidad no está en la satisfacción de nuestros deseos, y abriendo nuestro corazón a los más pobres, nos encaminaremos alegres hacia la gran fiesta de Pascua renovados por la gracia de Dios.

Si la Iglesia siempre nos invita a vivir este tiempo intensamente, porque es una ocasión para situarnos ante Dios desde la verdad de nuestra vida, esta invitación es más fuerte este año: es la cuaresma del Jubileo de la Misericordia. En la bula Misericordiae vultus, con la que el Papa Francisco convocó este tiempo de gracia, el Santo Padre nos exhortaba a que la cuaresma de este año jubilar sea vivida con mayor intensidad, como un momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios (Nº 17). También en el mensaje que ha dirigido a la Iglesia para la cuaresma, el Papa ha reiterado esta invitación (Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2016, nº 1).

Para ayudarnos a esta vivencia, el Papa nos sugiere algunos signos sencillos y concretos. Estos gestos serán momentos de gracia y producirán en nosotros frutos de conversión, si no nos conformamos con practicarlos de una manera meramente externa y rutinaria, sino que intentamos vivirlos desde la profundidad del corazón.

Para una vivencia auténtica de la cuaresma, en primer lugar hemos de recordar que los primeros necesitados de la misericordia de Dios y de abrirnos a su gracia renovadora somos cada uno de nosotros. Los cristianos no podemos ser como el fariseo que subió al templo a orar y, creyéndose mejor que los demás, despreciaba al publicano que se sentía pecador (Lc 18, 9-14). Si queremos que nuestro mundo abra el corazón al amor misericordioso del Padre, no podemos olvidar que los primeros llamados a escuchar el anuncio de la misericordia de Dios somos nosotros. Si nuestro corazón se cierra al amor del Padre, ¿cómo podemos pretender que lo hagan aquellos que no han conocido el rostro de Dios? Busquemos tiempo para escuchar y meditar la Palabra de Dios, para recibir gozosos su perdón y para crecer en la amistad con el Señor. El Papa nos ha invitado a escuchar la predicación de la Palabra y a participar en la celebración de las 24 horas para el Señor. En mi carta pastoral Misericordiosos como el Padre (nn. 19/7 y 19/8), he indicado algunas orientaciones para organizar esta celebración en la diócesis y para ofrecer la posibilidad de escuchar la predicación de un misionero de la Misericordia enviado por el Santo Padre.

En su mensaje, el Papa insiste también en la importancia que deben tener las obras de misericordia en el camino cuaresmal. El Santo Padre nos recuerda que las obras de misericordia corporales y las espirituales son inseparables (Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2016, nº 3). Si practicamos las corporales sin las espirituales hacemos asistencia social, pero no caridad cristiana. Si hacemos lo contrario, somos como aquellos que, viendo a un hermano necesitado, le animan de palabra, pero no lo socorren: nuestra fe está muerta por dentro (St 2, 17).

Que esta cuaresma sea para todos un tiempo de gracia.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa.