EMPEZAMOS 2023 EN COMPAÑÍA DE LA VIRGEN MARÍA 01-01-2023

Al proyectar un viaje o excursión, a menudo nos preguntamos: ¿en compañía de quién? Porque una buena compañía da seguridad y confianza.
La Liturgia nos invita a emprender el camino del Año Nuevo 2023 en la mejor compañía posible: la de María, Madre de Dios. Este año serán también muchas las ocasiones en las que nuestra plegaria eclesial será presidida por la Virgen María: normal también que así empezamos el año.
La plegaria de hoy está empapada de la Bendición divina: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.

Cuando nos dirigimos confiadamente al Señor, nos damos cuenta de que Él nos está mirando con ojos de amor misericordioso. La piadosa costumbre cristiana de bendecir imágenes, objetos, comidas busca orientarnos hacia Dios, el único que bien dice y bien hace. Los humanos sí somos capaces de buena dicción con palabras y promesas muy bien dichas, pero solo Dios nos bendice y nos hace el bien.

Dirigiendo la mirada hacia Dios y viendo la claridad de su mirada amorosa, contemplamos que, cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial: ¿qué tenía de especial aquella época para que santo Pablo hablara de plenitud del tiempo?

No fueron las circunstancias históricas de hace 2000 años en Palestina las que aportaron especial condición favorable al acontecimiento iniciado en Nazaret y culminado en Bet-Lehem; fue Dios quién, viniendo al mundo hecho-hombre, aportó plenitud a aquel momento histórico.

Con esta iniciativa divina se activa definitivamente el gran Proyecto de Dios: recuperarnos plenamente a la adopción filial y rescatarnos del vivir bajo la Ley que no podía darnos la plenitud que satisface el coro del hombre.
De esta condición de hijos tenemos una prueba que es también termómetro: si en positivo dejamos que en nuestros corazones el Espíritu de Jesucristo se dirija a Dios como Abba, Padre y nos haga tratar todo el mundo como hermanos.

También hoy en la Eucaristía rogamos especialmente por la Paz en el mundo: en 1956 el Papa Pablo VI instauraba la celebración de la Jornada por la Paz el primer día del año. Han pasado más de seis décadas y cada vez se hace más necesario y urgente rogar por la paz, que en definitiva es don de Dios.

Hoy en el evangelio contemplamos a los pastores, verdaderos modelos del auténtico discípulo de Cristo. A pesar de ser marginados en la sociedad de su tiempo, en la Economía de la Salvación tienen un lugar especial reservado para ellos.

Reciben el anuncio del ángel del Señor y acogen la Buena Noticia que se les anuncia: “Os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”; después fueron a Bet-Lehem y lo comprobaron con los propios ojos; esto les permitió contar fielmente su experiencia con tanto de gozo que todos los que lo oían se admiraban de su testimonio; y finalmente se volvieron a su trabajo dando gloria y alabanza a Dios.

Escuchar a Dios que nos habla mediante sus ángeles-mensajeros; acoger la Buena Nueva de Cristo haciendo experiencia personal; transmitir el Evangelio de las Bienaventuranzas viviéndolo con testimonio de credibilidad; glorificar y alabar el Señor desde la propia vocación personal: ésta es nuestra misión personal y eclesial.

Emprendemos hoy el camino de un Año Nuevo compartiendo solidariamente las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias de la gente de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y quienes sufren (Gaudium et Spes n.º 1), porque así todo el mundo pueda probar que la joya del Evangelio llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús (Evangelii Gaudium n.º 1).

Jose-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

Escuchar (catalán):

Descargar (catalán):

X