EL JUBILEO DE LA MISERICORDIA 06-12-2015

El Papa Francisco ha convocado a toda la Iglesia a la celebración de un año jubilar centrado en el misterio de la misericordia del Padre. El próximo 8 de diciembre se iniciará este jubileo con la apertura de la Puerta Santa, que este año será Puerta de la Misericordia, en la basílica de San Pedro del Vaticano, y el domingo siguiente en todas las diócesis del mundo. En la catedral de nuestra diócesis la celebración, con el rito de apertura de la Puerta de la Misericordia, tendrá lugar a las 17’30 h. del día 13 de diciembre, tercer domingo de Adviento. Me gustaría que todos los que podáis, participéis en esta celebración y en las que tendrán lugar a lo largo de este año jubilar.

A los pocos días de haber sido elegido para la Sede Apostólica ya se vio que éste iba a ser uno de los temas que caracterizarían el pontificado del Papa Francisco. La Iglesia debe mostrar el amor misericordioso del Padre en este mundo en el que hay tantos sufrimientos físicos y morales, en el que se toleran o se justifican tantas injusticias, en el que las personas hemos perdido la capacidad de pedir perdón y de perdonar o en el que predomina una concepción de la justicia que tiende más a castigar al culpable que a rehacer a las personas. Los cristianos estamos llamados a anunciar que todo ser humano es amado por Dios y que el camino para reconstruir esta sociedad, y a tantas personas heridas que viven en ella, ha de ser el camino del amor y no el de la venganza. Además de animaros a que participéis en las celebraciones que se organizarán, al comenzar este jubileo, os quiero proponer tres sugerencias sencillas para vuestra vida espiritual.

En primer lugar no podemos olvidar que si hemos conocido a Cristo y queremos vivir según el Evangelio, esto no se debe a nuestros méritos, sino a la misericordia de Dios. Pero si vemos la verdad de nuestra vida descubrimos que no somos unos cristianos perfectos y que seguimos estando necesitados de esa misericordia. El jubileo nos debe llevar a vivir la vida cristiana con humildad, a sentirnos cada vez más pobres ante Dios y a recurrir con más frecuencia a su perdón en el sacramento de la Penitencia. Así experimentaremos la alegría de la misericordia del Padre.

También nos debemos preguntar si nuestras relaciones con los demás están caracterizadas por la misericordia. El Papa, en la bula Misericordiae Vultus, cita las palabras de Jesús transmitidas por San Lucas: «No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados, dad y se os dará» (Lc 6, 37-38): ¿Son estas palabras del Señor la norma de mi relación con el hermano?

Por último, os quiero invitar a que durante este año nos propongamos realizar catorce acciones, para poner en práctica las catorce obras de misericordia que forman parte de la tradición de la Iglesia. En una visita pastoral a una parroquia fui a ver a una anciana y, en la conversación con ella, me explicó que el programa de su vida espiritual había sido practicar las obras de misericordia. Confieso que aquel día regresé a casa con la convicción de que había conocido a alguien que sabía lo que es esencial en el Evangelio. No nos debe extrañar que dos de sus hijas que aún viven sean religiosas y estén entregando su vida por el Evangelio y los más necesitados en África.

Que la misericordia del Señor venga sobre nosotros como lo esperamos de Él.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa.

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