DESDE LOURDES SIN MIEDO 25-06-2023

“No tengáis miedo” es el gran mensaje del Resucitado, como lo había estado ya antes durante su Ministerio en Galilea.

Un mensaje de confianza que la Peregrinación Diocesana con enfermos escucha hoy en Lourdes a los pies de la Virgen María y de santa Bernardita.

El evangelista Mateo presenta varias veces el llamamiento divino a “No tener miedo”: se lo dice un ángel del Señor a José (1,20); también se lo dice el ángel a las mujeres al alborear el primer día de la semana (28,5.10); el mismo Jesús se lo dice hoy a los suyos “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (10,26.28.31); o cuando viéndolo andar sobre el agua, piensan que es un fantasma (14,27); y también en la Transfiguración (17,7).

Tener miedo es termómetro de aquello que estimamos: nos da miedo perder los valores de los que disfrutamos. Precisamente por eso nos da miedo la perspectiva de perder la conexión con las personas amadas.

El miedo es una reacción humana instintiva ante lo desconocido y ante las dificultades inherentes a nuestra condición humana mortal y frágil.

Ante este instinto inevitable, ¿qué remedio nos queda? Una primera actitud necesaria es tener una justa valoración de las realidades que amamos dando a cada una su valor adecuado. Cuidar de los animales es un gran valor, pero cuidarlos por encima de las personas es un error. Querer y cuidar la salud corporal, tanto la propia como la de los otros, es deber cristiano incluido en el 5.º Mandamiento; pero cuidarla descuidando la espiritual es un grave error.

Jesús lo avisa claramente: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.

Nos hace falta un profundo y sincero examen de conciencia: ¿Qué es lo que más queremos de verdad? Si la fidelidad a Cristo y al Evangelio, así como la pertenencia viva en su Iglesia, no nos son valores fuertemente queridos, es que nuestro Bautismo se ha aguado.

Jeremías, –pavor-en-torno, con actitud modélica sabe encontrar el espaldarazo necesario en la experiencia consciente de que el Señor es mi fuerte defensor: me persiguen, pero tropiezan impotentes.

El profeta tiene experiencia histórica a lo largo de su trayectoria vital, a la vez que cada día hace memoria consciente y agradecida.

Es la actitud que tenemos que reproducir cada uno de nosotros. Nuestra plegaria confiada tiene que ser como la de Jeremías: Señor del universo, que examinas al honrado y sondeas las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos, pues te he encomendado mi causa!

Porque la causa de Jeremías es la causa de Dios.

Además, desde la fe cristiana, tenemos una garantía superior que nos recuerda san Pablo: Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

El poder de la gracia de Dios tiene mucha más fuerza de atracción que la seducción del Pecado.

Conscientes de ser enviados como ovejas entre lobos (Mt 10,16), siguiendo las huellas de los Doce, todo el Pueblo de Dios tenemos que testimoniar hoy con esperanza que ni los escándalos protagonizados por algunos, ni la persecución mediática, ni las descalificaciones generalizadas, podrán separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor (Rom 8,39).

Unidos a la oración de los peregrinos en Lourdes, vivamos el encargo de Jesús: A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

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