DADME, SEÑOR, UN CORAZÓN PARA ESCUCHAR 30-07-2023

La figura histórica del rey Salomón aparece a la Biblia enmarcada por una idealización extraordinaria: es el rey más sabio de todos y también el más rico.
La reina de Saba (1Re 10,1-7), habiendo oído hablar de la extraordinaria sabiduría de Salomón, vino a ponerlo a prueba con enigmas y comprobó que ¡ni la mitad me narraron!

Una muestra de la riqueza de Salomón es que el peso del oro que llegaba a Salomón cada año era de seiscientos sesenta y seis talentos de oro (1Re 10,14s).

Pero ¿de dónde le viene todo esto? La primera Lectura de hoy nos da la clave: El Señor Dios en el santuario de Gabaón se apareció allí en sueños a Salomón y le dijo: “Pídeme lo que deseas que te dé”.

La respuesta del joven rey fue textualmente: Concede, pues, a tu siervo, un corazón atento.

La expresión hebrea original habla de “corazón para escuchar”, porque efectivamente escuchar-escuchar se escucha con el corazón.

¿A quién hay que escuchar? ¿A Dios o a los hombres? ¡A los dos! Solo escuchando de corazón tanto a Dios como a los hombres se llega a poseer el don del discernimiento tan necesario para todo buen gobernante que de verdad quiera hacer justicia a su pueblo.

Las parábolas del tesoro escondido y de la perla fina (exclusivas del evangelista Mateo) tienen un denominador común: la afirmación contundente de que el Reino de Dios es de verdad un auténtico tesoro.
La imagen del tesoro para indicar el alto valor del Reino de Dios es expresión muy frecuente ya en el Antiguo Testamento.

Jesús mismo (Mt 6,19) invita a atesorar tesoros en el cielo en vez de atesorar tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen y donde los ladrones abren boquetes y los roban; aclarando que donde está tu tesoro, allí estará tu corazón.

Hablando con precisión, la parábola del tesoro escondido se refiere propiamente a “lo que pasa” cuando un hombre encuentra un tesoro escondido y “lo que pasa” cuando un hombre encuentra el Reino de Dios.

El mensaje evangélico evoca el encabezamiento de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco: La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.
La experiencia humana nos avisa de que la valoración de barato o caro sobre una inversión depende de la valoración del producto; no se tiene que mesurar solo lo que te gastas sino tener en cuenta lo que adquieres.
Es necesario notar que en la parábola evangélica el desprendimiento, más que condición previa para acceder al Reino, es consecuencia de su encuentro: El que lo encuentra, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. En la base de la operación está la experiencia de alegría por el hallazgo.

Las exigencias del vivir seriamente la opción cristiana en el seguimiento de Jesús y de su Evangelio no podemos vivirlas y testimoniarlas fielmente si no se acompañan del gozo vivido y testimoniado por la alegría de la identificación con Jesús de Nazaret.

A la evidencia de las renuncias que a menudo nos vienen exigidas por la fidelidad al Evangelio hay que contraponer la experiencia del gozo por la comunión profunda con Jesucristo. Si el gozo por el encuentro con Jesús no es muy superior al coste del esfuerzo que esto comporta, querrá decir que en realidad la conexión con Jesús y su Reino no es plenamente auténtica todavía.
Tenemos que cultivar la espiritualidad de la alegría por el descubrimiento del tesoro inmenso de la fe cristiana.

José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano

Escuchar (catalán):

Descargar (catalán):