CRECER EN LA COMUNIÓN (I) 17-09-2017

Al comienzo de su pontificado, el papa Francisco nos ofreció una exhortación apostólica titulada La alegría del Evangelio. En ella reflexiona sobre las urgencias de la Iglesia para la evangelización en el momento actual, y sobre cómo estamos llamados a anunciar el Evangelio para que este sea acogido positivamente por nuestro mundo. En sintonía con aquella exhortación apostólica, hace tres años se ofrecieron en la diócesis unas líneas de acción pastoral que tenían como objetivo fundamental suscitar en nuestras parroquias un nuevo impulso evangelizador.

Después de tres años, hemos creído conveniente ofrecer unas nuevas orientaciones pastorales para el próximo trienio. Se trata de una propuesta en continuidad con la anterior. Si en las anteriores se insistía en la necesidad de impulsar un nuevo dinamismo a la evangelización, que debe comenzar siempre por una conversión de los evangelizadores y un análisis de la situación de nuestras comunidades cristianas, en estas se recuerda la urgencia de crecer en la comunión diocesana para no caer en actitudes individualistas que no ayudan a la evangelización. Los retos que nos plantea nuestra sociedad y las necesidades que tenemos en la Iglesia deben afrontarse en un espíritu de comunión, que no consiste en eliminar ninguna iniciativa, sino en tabajar desde la convicción de que todos compartimos la misma misión y que la pertenencia a una misma diócesis nos pide unos mínimos compromisos de comunión que todos deberíamos esforzarnos por vivir. Si no se tiene este espíritu y cada uno de nosotros pensamos que únicamente son válidas las propias iniciativas e ideas, no ayudamos a que la Iglesia crezca.

Gracias a Dios, la visita pastoral que he realizado a las parroquias de la diócesis durante estos tres últimos cursos y que, si Dios quiere, concluiré antes de la celebración de la Pascua de 2018, me ha permitido ver y compartir la gran riqueza de la vida de nuestra Iglesia diocesana. Estas orientaciones pastorales ayudarán a dar un nuevo impulso para que ésta se fortalezca más. Tampoco pretenden sustituir la vida ordinaria de nuestras parroquias (celebración de los sacramentos, catequesis, atención pastoral a las familias y a los enfermos, etc…), sino ofrecer una ayuda para que hagamos mejor todo lo que forma parte del día a día en nuestras comunidades y realidades eclesiales.

Nadie tiene una fórmula mágica para resolver rápidamente todos los problemas que nuestra sociedad plantea a la evangelización. Tampoco estas orientaciones tienen esa pretensión. Por esto a algunos les puedan saber a poco y piensen que se trata una propuesta de mínimos. Hay que recordar que un plan como este no quita a nadie la libertad para emprender iniciativas que, estando aprobadas por la Iglesia, crea que pueden revitalizar la vida de una parroquia. Pero ninguna iniciativa servirá de nada si no hay unos elementos comunes que nos unan a todos. Por ello, estoy convencido de que, si nos tomamos en serio estas orientaciones pastorales y hacemos todos un esfuerzo por ponerlas en práctica, aunque nos parezcan de mínimos, nuestra vida diocesana mejorará mucho.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

X