Beatificación de cuatro mártires sacerdotes Operarios Diocesanos

El sábado, 30 de octubre, se celebró en la catedral de Tortosa la Eucaristía y la beatificación de cuatro mártires de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos: Rv. Francisco Cástor Sojo López, Rv. Millán Garde Serrano, Rv. Manuel Galcerá Videllet y Aquilino Pastor Cambero. La ceremonia de beatificación fue presidida por el representante del Papa Francisco, Emm. y Rvdm. SR. Marcello Semeraro, Cardenal Prefecto de la Congregación para la Causa de Santos. Mosén Sol tenía muy claro que «los Operarios deben ser sacerdotes y sólo sacerdotes, santos y trabajar por la gloria de Dios y a ser posible, unidos con otros».

Celebraron cinco cardenales, veinte obispos, más de ochenta sacerdotes y algunos diáconos permanentes. Participaron seminaristas, más de quinientos peregrinos y unos ciento cincuenta fieles de nuestra diócesis de Tortosa. También participaron la Alcaldesa de Tortosa, Sra. Meritxell Roigé y Concejales, el Diputado en Madrid, SR. Ferrán Bel, el Subdelegado del gobierno español en Tarragona, SR. Joan Sabaté y miembros de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén de Barcelona y Tarragona. La parte musical corrió a cargo de la coral Tirikae.

Se inició la celebración con una monición en la que se citaron los nombres de los cuatro mártires que entregaron su vida a Cristo, completando un listado de treinta que fueron testigos privilegiados del amor de Dios y con un seguimiento total al Señor. Recibimos al representante del Santo Padre quien presidió la celebración y todos los concelebrantes con el canto: Pueblo de Reyes. El sr. Obispo, Mons. Enrique Benavent, dio la bienvenida en nombre de toda la diócesis. Después de saludar a todos los participantes de la celebración nos dijo: La Iglesia diocesana de Tortosa os acoge en la beatificación de estos cuatro mártires. En esta misma Catedral fueron bautizados san Francisco Gil de Federich y el beato Manuel Domingo y Sol, fundador de los Operarios. Tenemos también en la diócesis a san Enrique de Ossó y Cervelló, santa María Rosa Molas, el beato Jacinto Orfanell y hasta cuarenta que son los mártires que han sido reconocidos por la Iglesia. A esta lista se añaden los que son de nuestra diócesis y beatificamos hoy. Los santos son la sal de la tierra y la luz del mundo y los mártires son los testimonios de la verdadera esperanza. Hermanos nuestros que no amaron tanto la vida, que temieran la muerte.

Continuó la Eucaristía y llegó el momento del rito de la beatificación. Empezó con una monición en la que Mons. Gerardo Melgar, obispo de Guadalajara, acompañado del postulador de la Causa de Beatificación, Dn. Carlos Comendador dirigió unas palabras al representante del Santo Padre pidiéndole que por mandato del papa Francisco inscriba en el número de los beatos a los cuatro sacerdotes Operarios. Luego el obispo de Ciudad Real y en nombre de los obispos de Cuenca y Jaén suplicó al Papa Francisco que inscribiera en el número de los beatos a los cuatro Siervos de Dios, miembros de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. El postulador de la Causa leyó una breve biografía de los cuatro siervos de Dios y los motivos por los que llegaron al martirio.

El cardenal Marcello Semeraro leyó la Carta Apostólica en latín firmada por el Papa. Al finalizar se descubrió el lienzo con la imagen de los nuevos beatos. Un fuerte aplauso lleno de emoción y el volteo de las campanas, rompió el silencio de los fieles que se había puesto de manifiesto a lo largo de toda la celebración. A continuación la procesión y veneración de las reliquias de los nuevos beatos, llevadas por el sacerdote Operario, Rev. Javier Goñi quien las dejó en el sitio preparado en el lateral del presbiterio El representante del Papa las incensó y mientras el corazón cantaba: “Tollite hostias”. El representante del Santo Padre entregó una copia de la Carta Apostólica a los obispos de Ciudad Real, Cuenca y Jaén. Después del “Gloria in excelsis Deo” y de una breve monición empezó la liturgia de la Palabra. La 1ª lectura del libro del Eclesiástico (51, 1-8). El Salmo 33: «El Señor me libró de todas mis ansias». La 2ª lectura de la 2ª carta de san Pablo a los cristianos de Corinto (6, 4-10). A continuación un diácono permanente proclamó el Evangelio según san Lucas (9, 23-26)

El Cardenal Marcello Semeraro inició la homilía con las palabras de Jesús: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz de cada día y me siga”. Las palabras del Señor no son una imposición; son una elección libre: “Si alguno quiere venir en pos de mí…” Puede que no sea difícil para un hombre renunciar a sus posesiones, pero lo más difícil es negarse a sí mismo. Jesús habla de una cruz que la llevó una sola vez para siempre, pero adquirió un valor eterno. Junto a la cruz estaba María quien siempre mantuvo firmemente su unión con el Hijo.

Nosotros tenemos que tomar la cruz cada día y retomar también cada día nuestro seguimiento a Cristo, porque como dijo el Papa: «No existe el verdadero amor, sino el sacrificio de sí mismo». Estamos llamados a andar junto a Jesús, pero, a veces tenemos que ir contra corriente. Los beatos lo hicieron realidad en sus propias vidas. Como Sacerdotes Operarios se dedicaron a las vocaciones sacerdotales. No buscaban el martirio, pero cuando se presentó lo asumieron y soportaron las torturas, penas y hasta la muerte en plena confianza y perdonando. San Juan Pablo II dice: “El martirio es la prueba definitiva y radical; es la prueba en la que el hombre ayudado por la potencia de Dios, alcanza la victoria”. Cuando sintamos el peso de la cruz que nos viene de diversas formas, apoyémonos en ella y allí encontraremos también a María, Madre del Señor y Madre nuestra. En Cristo la vida nunca se pierde, antes bien se encuentra, porque Él mismo es la Vida y la Resurrección. Amén.

Tras la profesión de fe, las plegarias, alternando catalán y castellano.” Por toda la Iglesia, particularmente por la de Tortosa que hoy nos acoge, y por las diócesis de origen en las que ejercieron su ministerio los nuevos beatos… “ “Para que el Santo Padre Francisco sea apacentando como entrega generosa al pueblo de Dios…” Para que los obispos, presbíteros y diáconos asistidos por el Espíritu Santo en el ejercicio de su ministerio, estimulen a las comunidades cristianas…”

Mientras llevaron las ofrendas, el corazón cantó: «Posuisti, Domine». A continuación la oración sobre las ofrendas y el Cardenal Semeraro incensó el altar. Llegado el momento de la Comunión cantamos; «¿Quién nos separará del amor de Dios?» y «Tú eres Señor el pan del cielo». Antes de recibir la bendición final, intervino el obispo de Jaén, Mons. Amadeo Rodríguez: Nuestros mártires dieron la vida por Jesucristo. Se dedicaron a la formación de los sacerdotes y hacían camino siendo apóstoles de las vocaciones. Decía el beato Manuel Domingo y Sol: «Aspirad a ser sacerdotes santos». Doy gracias a Dios por su sangre derramada en el seguimiento de Cristo y porque a través del martirio fueron testigos del amor al Señor. Expresó su gratitud al Papa Francisco por estas beatificaciones. También dio las gracias al Cardenal Marcello Semeraro, al Nuncio, a los cardenales, obispos, sacerdotes y seminaristas. Gracias por su cariño a la Hermandad y gracias a todos los que han preparado esta celebración y a los que han colaborado: Cabildo Catedral, coro y a 13TV que han facilitado poder participar de la celebración a muchas personas desde sus casas. Gracias a las autoridades. A la Alcaldesa, Sra. Meritxell Roigé y gracias de corazón a Mons. Enrique Benavent y con él a la diócesis de Tortosa. A todos mi felicitación. Recordaré esta celebración con alegría inmensa. Damos gracias a Dios por los cuatro nuevos beatos. Rogad por nosotros. Un fuerte aplauso lleno de emoción, resonó en la asamblea.

El Cardenal Marcello Semeraro nos dio la bendición final y terminamos la celebración con el himno a nuestra Patrona, Nuestra Señora de la Cinta.

Maria Joana Querol Beltrán

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