AMORIS LAETITIA (I): UN CANTO A LA FAMILIA 22-05-2016

Como fruto de las dos últimas asambleas del Sínodo de los obispos, el Papa Francisco ha dirigido a toda la Iglesia una exhortación apostólica que lleva por título La alegría del amor. La situación de la familia y el deseo de acompañar a las familias cristianas en su camino vital y creyente ha sido una preocupación de la Iglesia durante las últimas décadas y es también una prioridad para el Papa Francisco. Recordemos, por ejemplo, el capítulo primero de la segunda parte de la constitución sobre La Iglesia en el mundo contemporáneo del Concilio Vaticano II, así como el magisterio de los papas Pablo VI y Juan Pablo II. Esta nueva exhortación no puede ser aislada de la preocupación pastoral que la Iglesia siempre ha tenido por esta institución fundamental para la persona humana.

Sin duda alguna, hay motivos para que el Papa Francisco haya impulsado esta nueva reflexión sobre un tema que no es nuevo: hoy todos percibimos que la situación de muchas familias es de una debilidad extrema. El Papa ha dedicado el capítulo segundo de la exhortación a exponer la realidad actual y los desafíos que esta plantea, y menciona algunos factores que están influyendo en esta institución decisiva «para el futuro del mundo y de la Iglesia» (nº 31): el individualismo en las relaciones intrafamiliares; la actual organización de la vida social y laboral; la disminución del número de matrimonios; la debilidad de los vínculos familiares, sometidos «a la precariedad voluble de los deseos y las circunstancias» (nº 34). «En este contexto (afirma el Papa) el ideal matrimonial, con un compromiso de exclusividad y de estabilidad, termina siendo arrasado por las conveniencias circunstanciales o por los caprichos de la sensibilidad» (nº 34).

Ante esta situación, el Papa nos recuerda que «los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual… Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar» (nº 35). Ahora bien, tal vez nos tenemos que preguntar cómo debemos presentar esta oferta de modo que sea atractiva para nuestro mundo. Una «saludable reacción de autocrítica» (nº 36) nos puede ayudar a modificar algunos acentos en nuestra pastoral matrimonial, de forma que «las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece» (nº 35). Un discurso centrado únicamente en temas legales o morales, que no esté atento a las circunstancias y dificultades concretas que viven los jóvenes de hoy, puede resultar contraproducente.

El camino que el Papa nos propone es centrar nuestra mirada en Cristo, que nos muestra de manera concreta y plenamente humana el amor de Dios: su encarnación y nacimiento «en una familia humana» (nº 65); el inicio de sus signos de salvación en Caná de Galilea; sus relaciones y encuentros con personas con las que comparte sus momentos de esperanza y de dolor, etc… son momentos que nos ayudan a descubrir que la familia es algo más que una «institución»: es el lugar privilegiado de humanización y de descubrimiento del amor de Dios. Leída desde esta perspectiva, podemos afirmar que la exhortación La alegría del amor es toda ella un canto al matrimonio y la familia.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa