EL RESUCITADO RECUPERA A UNOS DISCÍPULOS DIMISIONARIOS 23-04-2023
El episodio de los discípulos de Emaús, exclusivo de Lucas, es la mejor referencia para un encuentro con el Resucitado.
La situación inicial presenta a unos que son llamados discípulos pero que de hecho abandonan el lugar donde les correspondería permanecer, Jerusalén, para ir a Emaús, iniciando un proceso dimisionario.
Justamente aquel mismo día en que la derecha de Dios ha resucitado y glorificado a Jesús de Nazaret, iban caminando a Emaús inmersos en aquello que abandonaban, pero no podían olvidar: iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido en Jerusalén.
Ante su incoherencia se hace plenamente viva la coherencia fiel del Maestro Jesús que sale a recuperar a los suyos. No son los de Emaús quienes encuentran al Resucitado, sino que es Él el que sale a su encuentro.
El proceso catequético de Jesús para recuperarlos es modélico. Mientras conversaban y discutían, con tensión porque no puede haber paz con los otros cuando no la tenemos dentro del propio corazón, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos: el Señor, ahora ya Resucitado, anda con nosotros como había hecho siempre gracias a la Encarnación.
En vez de reprocharles nada, les dice: ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino? Pregunta respetuosa que hace brotar su aire entristecido y provoca una pregunta de extrañeza dirigida a Jesús: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días? Con genial respuesta-pregunta de Jesús: “¿Qué?”, provocando la apertura de corazón de los dos dimisionarios para los cuales (según confiesan) Jesús de Nazaret “fue” un profeta poderoso en obras y palabras, pero ya no lo es.
Por eso esperábamos que él iba a liberar a Israel pero ahora ya no lo esperamos, a pesar de la sutil referencia de que ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió y que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo.
La falta de fe y de esperanza explica por qué abandonan a la Comunidad de quienes creen y esperan en Jesús.
Entonces Jesús les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras, profetizando que la Pasión es parte integrante del camino mesiánico de Jesús.
Esta lección teórica da pie a una interpelación práctica: Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando, pero ellos lo apremiaron diciendo: Quédate con nosotros. A pesar de su falta de fe y de esperanza, los de Emaús demuestran que sí han aprendido la lección de la hospitalidad caritativa que ahora ejercen con el desconocido compañero de camino.
Así cuando a Jesús le abrimos las puertas del corazón diciéndole “Quédate con nosotros”, Él no duda en entrar y, sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando: es la Eucaristía, eje y cumbre de la vida cristiana. Por eso se les abrieron los ojos y lo reconocieron: porque ya estaban activos los motores de la identidad cristiana (la gracia del Resucitado, la Palabra de Dios, la caridad y la Eucaristía, faltando todavía el último motor que lo tiene que cohesionar todo: la Comunidad).
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén: porque efectivamente esta es la función de la Comunidad que se reúne para fortalecer la vivencia de los valores fundacionales de Jesús por parte de todos los hermanos.
Dejémonos recuperar por el Resucitado al amor primero.
Revisémonos examinando qué “motor” de nuestra identidad cristiana tenemos un poco averiado o en desuso.
José-Luis Arín Roig
Administrador Diocesano






