EL GOZO DEL EVANGELIO (III): EL EVANGELIZADOR 30-03-2014
En anteriores glosas dominicales hemos comentado algunos aspectos de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium. Concretamente nos hemos referido a la necesidad de vivir en actitud de permanente reforma de la Iglesia para que ésta transparente con mas fidelidad el rostro de Cristo, y a las actitudes que los cristianos estamos llamados a vivir en nuestra relación con el mundo, que es, en definitiva, el destinatario del Evangelio porque, como ha dicho un gran teólogo del siglo XX, Cristo no ha muerto para salvar a la Iglesia, sino para salvar al mundo por medio de la Iglesia, que es su instrumento de salvación para todos los hombres.
Hoy os invito a considerar otro aspecto de la exhortación: ¿Cómo debe ser el evangelizador que la Iglesia y el mundo necesitan en el momento actual? En un primer momento alguien podría pensar que esta cuestión afecta únicamente a los obispos, sacerdotes, religiosos y personas consagradas, que han entregado su vida al Señor y se han consagrado a la tarea de la evangelización. En realidad, es un interrogante que debe plantearse todo cristiano, porque todos estamos llamados a ser testigos del Evangelio y, por tanto, evangelizadores.
En Evangelii gaudium el Papa Francisco diseña un retrato del evangelizador que necesita nuestro mundo en el momento actual:
a) Debe ser un cristiano comprometido con el Señor y con el Evangelio, y ello implica ser generosos con nuestro tiempo. Muchas veces, por comodidad o por preservar nuestro tiempo personal nos resistimos a asumir compromisos en tareas eclesiales y evangelizadoras. Una preocupación obsesiva por nuestra privacidad puede matar la generosidad con el Señor.
b) Debe ser un cristiano que, en nuestra cultura consumista y del bienestar, no caiga en la tentación de ser como todos o tener lo que tienen todos, llegando incluso a disimular su fe. La obsesión por ocultar la propia identidad cristiana puede ahogar la alegría misionera y hacernos olvidar que el Evangelio aporta una novedad real a nuestro mundo.
c) Deseo de vivir la tarea evangelizadora como entrega de la propia vida. El cristiano, llamado a dar testimonio de su fe en medio del mundo, no debe pretender buscarse enemigos pero debe estar dispuesto a entregar su vida por el Señor.
d) El cristiano debe estar atento para no caer en la tentación de lo que el Papa denomina “mundanidad espiritual”, que consiste en buscar la gloria y el éxito humanos y el propio bienestar más que la gloria del Señor, y hacerlo bajo una apariencia de amor a la Iglesia. Esta mundanidad espiritual lleva a muchos cristianos a trabajar en la Iglesia con unas actitudes que son más propias de dirigentes de empresas u organizaciones humanas que de auténticos discípulos del Señor.
En el fondo, detrás de estas actitudes se esconde una falta de autenticidad en la vida cristiana y desconfianza en la fuerza del Evangelio.
Que el Señor nos bendiga con su gracia.
+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa.





