DOMUND: RENACE LA ALEGRÍA 12-10-2014
El próximo domingo celebraremos la Jornada Mundial de las Misiones. Todos somos conscientes de que la Iglesia existe para evangelizar, para anunciar a Jesucristo y que todos los hombres de nuestro mundo puedan llegar a conocerle y a amarle. Jesucristo es el gran tesoro que los cristianos tenemos, es lo mejor que podemos ofrecer a nuestro mundo, porque estamos convencidos de que Él es el camino para que nuestro mundo llegue a ser cada vez más digno del hombre. ¿Cómo sería nuestro mundo si todos los hombres y mujeres conocieran y amaran de verdad a Jesucristo? ¿No desaparecerían las guerras, el hambre y las injusticias? ¿No sería un mundo más humano? ¿No experimentaríamos los hombres los signos del Reino de Dios? El anuncio de Jesucristo es la misión de la Iglesia, porque Él es el camino hacia el Reino de Dios.
El lema elegido para la celebración de este año está en sintonía con la exhortación Evangelii Gaudium del Papa Francisco: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (nº 1). Esta convicción que el Papa expresa con tanta fuerza al comienzo de su exhortación apostólica, debería acompañarnos a los cristianos en todos los momentos de nuestra vida y en todas las ocasiones que tenemos para dar testimonio de nuestra fe.
La alegría en el Señor es signo de una fe viva. La fe viva es la de aquel que ha conocido a Cristo y lo ama con todo el corazón. Quien se ha encontrado con el Señor ha vivido la experiencia del amor de Dios. Y cuando alguien se siente amado siente cómo su corazón y su vida se renuevan. “El que está en Cristo es una criatura nueva” (2Co 5,17), porque ha sido liberado del pecado, de la tristeza, del vacío interior y del aislamiento: ¡De cuántos pesos interiores nos libera el Señor! El testimonio debería ser algo que el discípulo de Cristo vive con toda espontaneidad. Es la manifestación exterior de lo que él ha vivido en lo profundo de su corazón.
El día del Domund agradecemos al Señor el testimonio de tantos misioneros y misioneras. Sacerdotes, religiosos, religiosas, y laicos que han dejado su casa, si familia, su tierra para ir a lugares donde no se vive mejor que en nuestros pueblos. Su opción nos interpela a todos: ¿Por qué lo han hecho? ¿Qué es lo que les sostiene en su opción? No podemos encontrar otra respuesta: su vida se ha llenado de alegría y de luz porque han conocido al Señor y quieren que aquellos que no han tenido oportunidad de conocerlo lleguen a vivir el gozo del Encuentro con Él.
Pero ellos no son unos aventureros que van por libre: son enviados por la Iglesia y en su nombre, y necesitan sentir que la Iglesia no se olvida de ellos ni les abandona. El Domund es una ocasión para recordar que el compromiso de colaborar al anuncio del Evangelio es de todos. Nuestra oración, el ofrecer nuestras pequeñas cruces y sufrimientos por la extensión del Reino de Dios, nuestra colaboración económica, nuestro aprecio a los misioneros que conocemos y el testimonio de nuestra fe vivida con alegría son los caminos para sentirnos misioneros, aunque estemos aquí.
Con mi afecto y mi bendición.
+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa





