CUARESMA: UN TIEMPO DE GRACIA 02-03-2014

El próximo miércoles comenzamos el tiempo de cuaresma. Se trata de un tiempo especial durante el cual los cristianos nos preparamos para la celebración de la Pascua. Es bueno que al comienzo de estos días santos nos preguntemos cómo los vamos a vivir, qué es lo que vamos a hacer para intensificar nuestra vida cristiana y hacerla más auténtica viviendo un real proceso de conversión. Les voy a sugerir unas ideas muy concretas. Se trata de acciones sencillas cuya finalidad no es que, al final del tiempo de cuaresma, nos digamos a nosotros mismos que lo hemos vivido muy bien y caigamos en el orgullo de los que se sienten buenos. Se trata de pequeños gestos que nos abren a la gracia de Dios, que es quien puede transformar nuestro corazón.

En primer lugar les invito a que participemos en la celebración de la Eucaristía algunos días laborables. Al no limitarnos a la celebración dominical le estamos diciendo al Señor que no queremos caer en la rutina de un cristianismo de mínimos. Cuando no se pueda, dediquemos un momento del día a meditar el texto del Evangelio. Con ello, le estamos diciendo al Señor que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Si nos alimentamos de la Palabra descubriremos que, frente a tantas palabras y mensajes que nos llegan y que nos quitan la paz, la Palabra de Dios nos da una gran paz en el corazón.

Dediquemos un tiempo a la oración y al retiro espiritual. Nuestra vida está constantemente ajetreada. Necesitamos el silencio para descubrir la verdad de nuestra vida. Descubrimos la verdad de nuestra vida cuando nos situamos ante Dios y le abrimos nuestro corazón. Dediquemos una mañana entera a revisar nuestra vida, a ver en qué hemos de cambiar, a pedir al señor el don de la conversión. Y que todo esto nos lleve a la celebración del sacramento de la Penitencia, donde experimentamos el gozo de recuperar la amistad con Dios.

Ayunemos. Nuestra cultura ha convertido los deseos en derechos. Vivir en esa actitud puede convertirnos en personas egoístas que únicamente piensan en sí mismas. La realización de nuestros deseos no nos hace felices porque, cuando ya hemos conseguido algo, muy pronto deseamos otras cosas. Es bueno que hagamos un discernimiento entre lo que es bueno y lo que no lo es, entre lo necesario y lo superfluo. El ayuno es un ejercicio de libertad interior.

Compartamos. El Papa nos habla de tres pobrezas que hay en nuestro mundo: La pobreza material de quienes no tienen lo mínimo para vivir dignamente o sus derechos no son respetados, la pobreza moral de quienes viven esclavos del pecado, y la pobreza espiritual en la que caemos cuando nos alejamos de Dios.

La cuaresma es una llamada a ofrecer esperanza a aquellos que viven en alguna de estas situaciones: compartiendo nuestros bienes, luchando por la justicia y ofreciéndoles la palabra del Evangelio.

Que el Señor nos bendiga con su gracia durante este tiempo.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa